No es culpa de S, él entiende y ve las cosas diferentes, para él esta relación tiene propósito y un valor intrínseco ligado al tiempo y a las experiencias que ya tenemos acumuladas en estos 10 años, la relación ha pasado por muchas etapas, al principio fue un fetiche, un deseo que saciar, luego se fue convirtiendo en una especie de comodin, alguien que no me representaba el riesgo de sufrir ni de llorar, podía controlar mis sentimientos y de alguna manera me daba estabilidad, y luego vino Dios a la ecuación y entonces ambos teníamos la misma fe, y en un giro inesperado de la vida pude compartir con alguien no solo la vida presente sino la esperanza de la vida eterna. Poco a poco los vínculos que nos unían se hacían mas fuertes, y yo terminé de alguna manera incapaz de poder terminar definitivamente la relación.
Sin planearlo conscientemente, la relación se volvió cada vez mas estable y sería y aunque en el medio conocí muchas personas de alguna manera en mis inseguridades y poco autoestima asumí el menor riesgo y me quedé, y me involucre y continue hasta transformar nuestra relación en un compromiso real, serio y formal. Hay días en que me convenzo a mi mismo que las cosas son como tienen que ser, que esta relación es misericordia de Dios, de otra forma viviría en abominacion delante de su presencia pues no podría tener una relación viva con Él y al mismo tiempo tener una vida de activa sodomia, no puede haber comunión entre ambas cosas, y con S no hay nada semejante y me convenzo que tal vez Dios puede permitirme un compañero para que yo no este solo sin que haga lo malo delante de sus ojos.
Pero hay días como hoy en los que simplemente siento el vacío, ese anhelo interno de un abrazo, una mirada de amor, un beso apasionado, una charla romántica, un vínculo real con alguien para quien yo sea alguien verdaderamente especial. No me siento asi con S, mi relación con él se siente seca, vacía, monótona, fria sin ninguna emoción, sin un vínculo real, con el pasar del tiempo deje de esperar que ese vínculo se formara, que nuestra relación creciera y se desarrollara. Me rendí en mi corazón, y simplemente me resigne a que esa es la vida que tengo, no puedo dar marcha atrás pues la vida de toda la familia se vería impactada y porque S solo me tiene a mi y a su familia en su vida, yo lo quiero y me preocupo por él y supongo que siento algún tipo de amor por él, porque su bienestar me preocupa aunque yo no sienta lo mismo de su parte.
Hace poco tuvimos una discusión por una tontería relacionada con el aseo y la limpieza de la casa, pero sus respuestas y su forma de enfrentar la situación me demostraron que él realmente no se preocupa por mi, asi me siento, es como si no le naciera nada especial hacia mi, y puedo entenderlo tal vez es porque yo hace mucho deje de tener detalles y de esforzarme por ser especial con él, no me nace tampoco y aun así me termine adaptando a él y a la larga lista de cosas que tengo que callarme y aguantar para no terminar perdiendo siempre que tenemos un conflicto.
Al final discutir, llorar, gritar, enojarme, reprochar, hablar, razonar, enfurecerme, ignorar nada valió, y me rendí, me rendí porque me di cuenta que nada va a cambiar nunca, no quiero ser tan duro con él, S tiene rutina y estoy incluido en muchos de su rituales diarios, en el desayuno, en la fruta que se come antes de medio dia, en el almuerzo que pedimos, en el vaso de agua de las tardes y la cena en las noches, en la ropa de nosotros que lava los fines de semana, la loza que limpia de vez en cuando, la ilusión y motivación que tiene de vivir en una casa en el campo. Ahí estoy como un apéndice, como una parte de su vida a la que se acostumbro, que asimiló, con quien aprendió a convivir como quien se aferra al último pedazo de madera para no ahogarse en el mar.
Y así paso el primer año de casados, no hubo ningún detalle, ninguna mención especial, ninguna señal de que algo especial había sucedido, a mi no me nació porque al final después de 10 años los detalles nunca han generado ninguna reacción especial en S, y entonces me volví seco y parco, e indiferente a la historia de nuestra relación, la doy por sentada, porque asi es, porque es lo que hay, porque somos adultos y yo ya estoy demasiado lejos como para pensar en que a estas alturas de mi vida pueda yo inspirar en alguien algo mas que interés.
Estuve ayudándole de nuevo a I, el chico moreno que conozco hace también 10 años, y aunque estuve tentado a der infiel, ya no es la salida para llenar el vacío que siento en mi corazón y esa ausencia etérea de esa persona que siempre quise y nunca encontré. Termine ayudando económicamente a AG, un pelao de 28 años que conocí en tiktok y a quien ayude una vez por bondad y quien por mas de un año me exprimió económicamente, a quien se lo permití porque en el fondo quería sentirme querido y deseado pero al final me di cuenta que tampoco era correcto, y cerré la puerta. No es el sexo lo que anhela mi alma, es la conexión, el sentirme especial para una persona y sentir esa emoción que no puedo describir al verle, al compartir, tener esos momentos mágicos, sentirme en mi hogar, siempre soñé con eso pero entendí que no es para mi vivir aquella realidad. Tal vez esa es mi cruz y si logro aceptarlo y entenderlo podre sobrellevarlo con mayor facilidad.
Hoy simplemente me sentí agotado, emocionalmente cansado y por un momento soñé con ese vínculo y lo extrañé, como quien anhela lo perdido, como quien recuerda una memoria que nunca existió, un recuerdo etéreo, borrozo de una realidad que nunca fue y nunca será. Hoy llegare a mi casa y ahi estara S, seguramente la casa estará desordenada, la cama destendida, el piso sucio, seguramente me recogerá en la moto y nos saludaremos como quien saluda un colega, un amigo muy querido, y seguiré fingiendo que todo esta bien, que esa es la vida que soñé, que esa es la relación que tengo, me acostare del lado de mi cama abrazando y mi Keyla, agradeciendo por lo que tengo, y tratando de disipar estos pensamientos porque nada va a cambiar.
Seguiré tratando de cambiar esta parte de mi que sigue anhelando algo que no debe ser, sintiéndome invisible, aferrándome a todo lo demás que Dios me ha concedido por su misericordia, tratando de enterrar bajo los proyectos y ocupaciones, mis preocupaciones familiares y el día a día de mi vida adulta, esa voz que me dice que estoy en bancarrota en el amor y que nunca pude tomar una sola decisión inteligente en temas del corazón.