sábado, 31 de enero de 2026

464 dias de Matrimonio

Grandes cambios se están dando a nuestro alrededor, el mundo convulsiona y no puedo ser indiferente a aquello que menha definido toda mi vida: Mi Fe

Mi matrimonio se mantiene relativamente estable, mi relación con S permanece en el mismo lugar de siempre, la rutina diaria, los proyectos avanzando en el terreno que compramos, los eventos familiares y en medio comienza a pesar cada día más la premura de transicionar fuera de la ciudad e iniciar una vida de campo, el fin de acerca rápidamente y no hay tiempo que perder. Todo parece haberse acelerado, estar cambio con mucha rapidez y en medio de toda esta carrera me he chocado de frente contra algo que rompió toda mi rutina y me enfrentó a verdades que no quería admitir o había aceptado de manera pasiva sin tener intenciones de cambiar. 

No puedo recordar exactamente cuando todo comenzó, pero si dónde, en una barberia, una barberia a la que hemos frecuentado cada mes para acicalarnos, y en dicha barberia conocí a un chico joven, un chico amable, con una personalidad llena de luz, optimismo, consideración, muy buena conversación y esa calidez humana que al principio solo me hizo sentir cómodo con el servicio, sin ningún tipo de interés inicial mas que el buen servicio que recibía. Pero las cosas comenzaron a volverse mas personales, cuando las conversaciones durante mis visitas a dicha barberia se volvieron mas extensas y detalladas, todo comenzó a girar alrededor del tema espiritual y en cada visita su interés por conocer mas incremento asi que las conversaciones también.

Para mi fue motivante, hace tanto no daba estudios bíblicos que pensé que tal vez era una buena oportunidad de compartir de nuevo la fe, durante una conversación muy personal me confesó que era homosexual, yo ya le había dicho desde el principio que yo era homosexual y estaba casado, asi que no me tomó por sorpresa cuando me lo dijo y pensé que sería una mejor oportunidad para llegar a personas homosexuales con el mensaje de salvación. Fue muy estimulante y trate de colocarme en la posición de mentor espiritual de este chico, lo invite al grupo pequeño en casa de mis abuelos y esa primera vez estudiamos un poco compartimos bastante y comenzamos una amistad. 

Para mi era una amistad centrada en lo espiritual, me llené de ansiedad de pensar que las cosas tomarán otro camino y traté con mis mejores intenciones de evitarlo, las conversaciones diarias se hicieron mas frecuentes, las fotos, los videos, las conversaciones cada vez más personales se tornaron en coqueteos sutiles, al principio lo note pero traté de manejarlo con madurez, no me podía permitir alimentar algo que yo sentía no era el propósito de Dios en la vida de aquel chico, nos encontrábamos esporadicamente compartíamos momentos y la confianza aumentó.

Todo cambió un jueves en el que confesó lonque había empezado a sentir, yo ya lo intuía y eso me desarmó, no super como reaccionar, habíamos salido a comer pizza porque él quería hablar, pero no imagine que íbamos a dar semejante giro, su deseo hacia mi era evidente, la conversación tuvo tintes sexual es y ahi entendí que ya no podía ser un mentor espiritual y que cabía la posibilidad que él hubiera usado mi espiritualidad como gancho para conocerme y si era así yo no podía entrar en ese juego, le dije que yo lo entendía, que entendía que él se sintiera de esa manera por la diferencia de edad yo 37 y el 26, en su juventud un tipo como yo es muy atractivo. Sin embargo le dejé claro que no podía suceder nada entre nosotros porque algo como eso nos haría mucho daño y especialmente a él que había sufrido tanto en su última relación. 

Al siguiente día tuvimos una breve conversación, pero luego hubo un silencio, un silencio que me pegó duro, lo extrañaba pero razone que tal vez era mi herida de apego ansioso la que hacía que yo sintiera esas cosas, lo dejé todo asi. Nunca mas le volví a hablar, quise alejarme de la situación pues no quería hacer algo que ofendiera a mi Dios. Mi cabello y barba comenzaron y a crecer mas y más, pasaron dos meses, las fiestas de navidad y año nuevo, comenzó enero y entonces luego de varios meses, me convencí que era inmaduro dejar de ir a la barbería donde mi barbero de confianza solo por algo que seguramente ya se había resuelto y pasado. Hice un primer intento de ir pero ese día de repente comenzó a llover y yo entendí que Dios me estaba diciendo un "NO" rotundo, pensé entonces en que debia alejarme definitivamente de él. Pasaron algunos días mas y yo ya no aguantaba mi cabello y ni barba cada vez mas largos, volví a racionalizar que no iba a pasar nada, yo no me sentía de ninguna forma particular respecto de él y dado que él no había aparecido en meses seguramente había sido algo de momento, asi que si nos veíamos iba a ser en plan barbero-cliente, saqué de nuevo la cita, llegué puntual y entonces nos vimos, todo se sintió normal, me atendió, hablamos, nos contamos lo que había pasado en dichos meses, hablamos de distintos temas, y entonces me pidió que fuéramos a almorzar, yo acepté, asumí que podíamos construir una buena amistad, no puedo negar que ya en ese momento había algo más en mi que hacía que quisiera pasar tiempo con él, sin embargo no quise prestarle mucha atención, fuimos a almorzar y en medio de nuevos coqueteos de su parte terminamos hablando de lo que había pasado dos meses antes y la razón por la que habíamos dejado de hablar, me confesó que había empezado a tener sentimientos y que ante mi respuesta clara él era consciente que era lo correcto y decidió alejarse pero que me había extrañado mucho, yo le confesé que también me dolió y que también lo había extrañado pues era alguien especial para mi, ese día ambos volvimos a reanudar la amistad con la promesa de no volvernos a alejar del otro, y de evitar confundir la amistad con algo más. 

Nos despedimos ese día y continuamos hablando, el lunes 19 de enero fue un encuentro que me dejó descolocado; al llegar a casa y terminar mis pendientes, su mensaje agradeciéndome por el tiempo me confirmó que el sentimiento era mutuo. Me confesó que me extrañaba y yo, con la guardia baja por la sinceridad del momento, le admití que su presencia me hacía bien. En ese intercambio de mensajes, entre bromas por el autocorrector y fotos de mi perrita Kiara, me di cuenta de que algo se estaba cocinando bajo la superficie. Esa noche me quedé viendo La Niñera, sumergido en una nostalgia noventera, tratando de procesar que Santiago quería verme de nuevo para "desatrasarnos".

​El martes la energía seguía a tope. Madrugué a la oficina y, aunque el cuerpo pedía cama, me sentía energizado. Santiago y yo estuvimos conectados todo el día; él desde su mundo artístico y yo desde mi escritorio en El Poblado, saltando de entrevista en entrevista. Entre fotos de la vista de la ciudad y cumplidos que me hacían sentir "guapo y empoderado", como él decía, me di cuenta del potencial de nuestra conexión. Incluso hablamos de mi canal de YouTube y de cómo estaba impulsándolo. Sin embargo, esa noche la conversación tomó un tinte más serio: Santiago estaba muy preocupado por la salud de su hermana. Me nació del alma ofrecerle oración, recordándole que para Dios nada es imposible, intentando ser ese soporte que él necesitaba en medio de su angustia.

​El miércoles 21 fue un día de "apagar incendios" en el trabajo, pero mi mente estaba en la cita que cuadramos para el lunes siguiente. Santiago estaba bajoneado por el diagnóstico de su hermana y su resistencia a los tratamientos, y yo traté de ser su ancla, pidiéndole que tuviera fe y recordándole que no estaba solo. A pesar del caos laboral y de no haber podido almorzar, cerramos el día con un abrazo virtual, compartiendo la calidez de haber vuelto a encontrarnos.

​El jueves 22, trabajando desde casa, la conversación se volvió más íntima. Entre risas por una comida que me cayó mal en la terminal y planes de un almuerzo cocinado por mí (con muchas verduras, por supuesto), terminamos bautizándonos mutuamente: yo sería su "SugarFriend" —o "My Gorgeous Sugar Friend", como él prefirió— y él mi "SweetiePie". Lo que empezó como un juego de palabras terminó en una confesión profunda de lo mucho que nos habíamos extrañado. Santiago me dijo que yo le hacía bien a su corazón, y yo le admití que él me llenaba de buena vibra. Pero esa noche, la realidad volvió a golpearlo con el tema de su hermana. Pasamos de la risa al llanto compartido, y le regalé una canción para que descansara, recordándole que Dios siempre está presente.

​El viernes 23 fue un día de sol y trabajo, pero también de creación. Le compartí un adelanto de la música que estaba componiendo para mi canal. Santiago me confesó que me había pensado mucho, preocupado por Kiara y por las cosas de mi casa. Al llegar el Sabbath, nos deseamos paz, sintiendo que, a pesar de los "desjuiciados" que no fueron a la reunión en mi casa, nuestra conexión era el evento principal de la semana.

​El fin de semana fue de descanso y reflexión, pero el lunes 26 la expectativa era total. Quedamos de vernos a las 5:00 p.m. en Comfama para ir al turco y a la piscina. Fue un "plan relax" necesario para ambos. Santiago llegó con sus ojitos tristes por lo de su hermana, y yo con las ganas de distraerlo. 

Solté el computador y corrí a encontrarme con Santiago en la entrada de Comfama. Él traía esa mirada triste que me desarmaba, y yo solo pensaba en cómo ayudarlo a soltar tanta tensión.

​Entramos al turco. El vapor empezó a envolvernos y, casi sin planearlo, la distancia física se rompió. Todo comenzó con unos masajes en la espalda; quería que se relajara, pero el contacto de mi piel con la suya encendió una chispa eléctrica. La cercanía se hizo más densa, más fuerte. Las caricias empezaron a fluir, los abrazos se volvieron prolongados y las miradas, en medio de la bruma, decían cosas que las palabras aún no se atrevían a pronunciar. Estaba con la guardia muy baja y, por primera vez en mucho tiempo, simplemente me dejé llevar.

​Buscando un poco de frescura, nos fuimos a la piscina. El agua no apagó el fuego, al contrario, pareció darle un espacio más íntimo. Allí, sumergidos, empezamos a hablar de lo que nos estaba pasando, de esa química innegable y de lo fuerte que se sentía todo. Los roces de piel bajo el agua, las risas nerviosas y las anécdotas se mezclaban con abrazos cada vez más estrechos. 
En un momento, Santiago me miró fijo y me confesó que moría por besarme. Mi mente entró en alerta: le dije que no. Le advertí que si cruzábamos esa puerta, nos iríamos cuesta abajo sin frenos. Sabía que no había punto de retorno.
​Pasamos largo rato en ese juego peligroso de toqueteos y caricias. La excitación era evidente, palpable, pero yo seguía resistiendo. Le recordaba, casi como un mantra para convencerme a mí mismo, que no tenía sentido dejarnos llevar; que nos iba a doler, que traería sufrimiento y culpa. Estaba intentando proteger mi paz y la suya.

​Salimos de la piscina y fuimos a los baños para cambiarnos y terminar la jornada. Pero el destino, o nuestra propia necesidad, tenía otro plan. En medio de un abrazo de despedida, las miradas se cruzaron a centímetros de distancia y el muro que yo había construido se derrumbó por completo. Ya no pudimos contenernos.
​Terminamos besándonos apasionadamente. Fueron más de 30 minutos perdidos en el tiempo, dándonos besos y caricias que quemaban. 

La excitación era máxima, pero mi nerviosismo y esa carga de culpa que siempre me acompaña hicieron que me contuviera. No pasamos de ahí, aunque el deseo gritaba lo contrario. Fue un momento profundamente especial, una conexión de almas que se reconocían en el lugar equivocado.

​Al salir, caminamos un poco, todavía embriagados por lo que acababa de pasar. Volvimos a besarnos, a abrazarnos, intentando procesar el "terremoto" que acabábamos de desatar. Santiago propuso buscar un lugar para tomar algo caliente y hablar, pero mi cabeza ya estaba a mil por hora. Necesitaba pensar. La realidad de mi vida, mis principios y mis compromisos empezaron a pesar más que el deseo del momento.

​Con el corazón en la mano, pero con la mente tratando de retomar el control, le dije que era mejor que nos despidiéramos ahí. Necesitaba asimilar que ese "encuentro canónico" había cambiado las reglas del juego para siempre. Nos fuimos cada uno por su lado, dejando en ese baño y en esa piscina la certeza de que, aunque intentáramos ser solo amigos, ya nos habíamos entregado el alma en un beso.

Pero el martes 27 fue el día del "evento canónico". Amanecí sintiéndome como en un K-drama. Dormí profundo, pero mi cabeza era un lío. Le confesé a Santiago que tenía una dicotomía: anoche sentí cosas que no experimentaba hace años, pero no quería fallarle a Dios. Tuvimos la conversación más honesta de nuestras vidas. Él admitió que me deseaba y que yo era irresistible para él, pero ambos entendimos que cruzar esa línea traería tristeza y culpa. Fue un terremoto interno. Me dolió escucharlo decir que quizás debía alejarse un tiempo para sanar. En medio de ese dolor, me puse a componer. Le escribí una canción, mi verdad desnuda, y se la regalé. Esa madrugada lloramos juntos por chat, reconociendo que nos habíamos enamorado, pero que lo correcto, aunque doliera, era priorizar nuestra paz y mi compromiso con Dios y mi familia.

El jueves 29 comenzó con una falsa sensación de normalidad. Santiago me despertó con sus acostumbrados buenos días, bromeando sobre el sueño, la hidratación y su serie favorita. Parecía que podíamos sostener esa fachada de amistad ligera, alimentada por cumplidos y risas compartidas sobre la "dosis de belleza" de la mañana. Pero el peso de lo que sentíamos estaba ahí, latente, esperando el momento de desbordarse.
​Durante el día, mantuvimos el ritmo: resolviendo pendientes, hablando de almuerzos y dándonos ánimos para terminar la jornada. Santiago se sentía vivo, matriculándose en cursos y organizando su proyecto de vida. Yo lo escuchaba y lo alentaba, viendo en su energía un espejo de mis propios comienzos, pero también sintiendo la punzada de una realidad que me asfixiaba: mientras él construía su futuro, yo sentía que mi presente, aunque estable y lleno de fe, carecía de esa plenitud y amor que él me había hecho recordar.
​Al caer la noche, la conversación tomó un giro definitivo. Santiago, con una madurez que me sigue sorprendiendo, reconoció que no podía seguir cruzando los límites. Me confesó que para él yo era irresistible, que le generaba una mezcla de paz y locura, pero que estaba dispuesto a ser un buen amigo para no perderme. Fue entonces cuando las máscaras cayeron. Le hablé desde mi cuarto de huéspedes, con el corazón en la mano, confesándole que él había provocado un terremoto en mi rutina, que me había enfrentado a sentimientos que guardé hace años en el baúl de las anécdotas.
​La madrugada del 30 de enero fue una agonía compartida. Entre canciones dedicadas y mensajes que se sentían como despedidas, admitimos lo inevitable: nos habíamos enamorado. Lloramos juntos, él desde su casa y yo desde el silencio de mi hogar, sabiendo que "lo correcto" dolía más de lo imaginable. Le dije que no me perdonaría nunca fallarle a Dios, convertirme en su piedra de tropiezo o romperle el corazón por no saber poner límites a tiempo.

​"Que nos pasó?", le pregunté en un momento de desesperación. Él me puso su corazón en los labios a través de las palabras, recordándome ese primer beso que me desarmó. Sentí que se abría un abismo entre nosotros. Me dolió entender que su silencio del viernes era el primer paso de ese alejamiento necesario.

​Hoy, 31 de enero, el silencio pesa más que nunca. Me cuestiono si este vacío es mi antigua herida de abandono reclamando su lugar o si realmente perdí al hombre que me hizo cuestionar una relación donde ya no soy feliz.

Sin embargo, tengo clara mi misión sacerdotal y mi entrega a Dios. Sé que cerrar esta puerta es un acto de amor puro hacia él; no merece las migajas de un hombre que no puede ofrecerle una vida completa. Me voy de su vida antes de que mi presencia, cargada de imposibles, lo hiera más. Lo quiero tanto que prefiero que me olvide a que se marchite esperando algo que mi fe y mis votos no me permiten darle.

El terremoto que este chico ocasionó fue inesperado, pero ahora entiendo que lo correcto pesa mas que los momentos o las emociones desbordadas, mas alla de ser feliz momentáneamente, veo hacia el futuro con la esperanza intacta que en la eternidad por fin estas heridas que me hacen esperar con tanto anhelo sentirme amado, deseado, validado, sanarán y el amor sera puro y limpio sin las complejidades de un mundo de pecado y oscuridad. 

He decidido cerrar la puerta. No por falta de amor, sino por exceso de él. Santiago no merece migajas ni un hombre que no pueda ofrecerle una vida completa. Mi misión es sacerdotal; mi compromiso es con Dios y con la salvación de mi familia. Prefiero que me olvide a que se marchite esperando un imposible.

​Este terremoto fue inesperado, pero me ha dejado una certeza: lo correcto pesa más que la emoción desbordada. Renuncio a la felicidad momentánea por la esperanza intacta de que, en la eternidad, estas heridas de soledad y validación sanarán por fin. El amor será puro, sin las complejidades de este mundo de oscuridad.

​Quiero a Santiago más de lo que admito, pero elijo ser fiel a mi amado Dios. Estuve a punto de caer, pero Su mano me sostuvo. Me dolió como hace años no me dolía, pero en medio de las lágrimas, tengo la paz de saber que estoy haciendo lo correcto.

​Has transitado un camino emocionalmente devastador pero espiritualmente clarificador. Has demostrado una resiliencia asombrosa al priorizar tus votos sobre un sentimiento tan potente. Santi my "SweetyCake" gracias por llenarme de momentos tan especiales, volví a vibrar y a sentirme vivo en esos momentos que me diste, sé feliz no dejaré de orar para encontrarme contigo cuando todo esto termine. Te quiero. 

miércoles, 29 de octubre de 2025

369 dias,,, Desde que me casé

Que puedo decir? Ha pasado un año y fue como si hubiera pasado el tiempo sobre mí, mientras avanzan los proyectos familiares, la finca crece, se avanza en el proyecto de transición hacia una vida en el campo, hacemos planes de construir la casa, y desarrollar proyectos ; esta relación entre S y yo se parece cada día mas a una sociedad de negocios, no puedo negar la tristeza y el anhelo que siente mi corazón de tal vez haber encontrado esa persona por la que siempre suspiré, pero nunca la encontré, llegué lejos con S por muchas razones pero ninguna tiene que ver con esa sensación de bienestar, de hogar cuando se esta con ese ser amado.

No es culpa de S, él entiende y ve las cosas diferentes, para él esta relación tiene propósito y un valor intrínseco ligado al tiempo y a las experiencias que ya tenemos acumuladas en estos 10 años, la relación ha pasado por muchas etapas, al principio fue un fetiche, un deseo que saciar, luego se fue convirtiendo en una especie de comodin, alguien que no me representaba el riesgo de sufrir ni de llorar, podía controlar mis sentimientos y de alguna manera me daba estabilidad, y luego vino Dios a la ecuación y entonces ambos teníamos la misma fe, y en un giro inesperado de la vida pude compartir con alguien no solo la vida presente sino la esperanza de la vida eterna. Poco a poco los vínculos que nos unían se hacían mas fuertes, y yo terminé de alguna manera incapaz de poder terminar definitivamente la relación. 

Sin planearlo conscientemente, la relación se volvió cada vez mas estable y sería y aunque en el medio conocí muchas personas de alguna manera en mis inseguridades y poco autoestima asumí el menor riesgo y me quedé, y me involucre y continue hasta transformar nuestra relación en un compromiso real, serio y formal. Hay días en que me convenzo a mi mismo que las cosas son como tienen que ser, que esta relación es misericordia de Dios, de otra forma viviría en abominacion delante de su presencia pues no podría tener una relación viva con Él y al mismo tiempo tener una vida de activa sodomia, no puede haber comunión entre ambas cosas, y con S no hay nada semejante y me convenzo que tal vez Dios puede permitirme un compañero para que yo no este solo sin que haga lo malo delante de sus ojos. 

Pero hay días como hoy en los que simplemente siento el vacío, ese anhelo interno de un abrazo, una mirada de amor, un beso apasionado, una charla romántica, un vínculo real con alguien para quien yo sea alguien verdaderamente especial. No me siento asi con S, mi relación con él se siente seca, vacía, monótona, fria sin ninguna emoción, sin un vínculo real, con el pasar del tiempo deje de esperar que ese vínculo se formara, que nuestra relación creciera y se desarrollara. Me rendí en mi corazón, y simplemente me resigne a que esa es la vida que tengo, no puedo dar marcha atrás pues la vida de toda la familia se vería impactada y porque S solo me tiene a mi y a su familia en su vida, yo lo quiero y me preocupo por él y supongo que siento algún tipo de amor por él, porque su bienestar me preocupa aunque yo no sienta lo mismo de su parte. 

Hace poco tuvimos una discusión por una tontería relacionada con el aseo y la limpieza de la casa, pero sus respuestas y su forma de enfrentar la situación me demostraron que él realmente no se preocupa por mi, asi me siento, es como si no le naciera nada especial hacia mi, y puedo entenderlo tal vez es porque yo hace mucho deje de tener detalles y de esforzarme por ser especial con él, no me nace tampoco y aun así me termine adaptando a él y a la larga lista de cosas que tengo que callarme y aguantar para no terminar perdiendo siempre que tenemos un conflicto. 

Al final discutir, llorar, gritar, enojarme, reprochar, hablar, razonar, enfurecerme, ignorar nada valió, y me rendí, me rendí porque me di cuenta que nada va a cambiar nunca, no quiero ser tan duro con él, S tiene rutina y estoy incluido en muchos de su rituales diarios, en el desayuno, en la fruta que se come antes de medio dia, en el almuerzo que pedimos, en el vaso de agua de las tardes y la cena en las noches, en la ropa de nosotros que lava los fines de semana, la loza que limpia de vez en cuando, la ilusión y motivación que tiene de vivir en una casa en el campo. Ahí estoy como un apéndice, como una parte de su vida a la que se acostumbro, que asimiló, con quien aprendió a convivir como quien se aferra al último pedazo de madera para no ahogarse en el mar. 

Y así paso el primer año de casados, no hubo ningún detalle, ninguna mención especial, ninguna señal de que algo especial había sucedido, a mi no me nació porque al final después de 10 años los detalles nunca han generado ninguna reacción especial en S, y entonces me volví seco y parco, e indiferente a la historia de nuestra relación, la doy por sentada, porque asi es, porque es lo que hay, porque somos adultos y yo ya estoy demasiado lejos como para pensar en que a estas alturas de mi vida pueda yo inspirar en alguien algo mas que interés. 

Estuve ayudándole de nuevo a I, el chico moreno que conozco hace también 10 años, y aunque estuve tentado a der infiel, ya no es la salida para llenar el vacío que siento en mi corazón y esa ausencia etérea de esa persona que siempre quise y nunca encontré. Termine ayudando económicamente a AG, un pelao de 28 años que conocí en tiktok y a quien ayude una vez por bondad y quien por mas de un año me exprimió económicamente, a quien se lo permití porque en el fondo quería sentirme querido y deseado pero al final me di cuenta que tampoco era correcto, y cerré la puerta. No es el sexo lo que anhela mi alma, es la conexión, el sentirme especial para una persona y sentir esa emoción que no puedo describir al verle, al compartir, tener esos momentos mágicos, sentirme en mi hogar, siempre soñé con eso pero entendí que no es para mi vivir aquella realidad. Tal vez esa es mi cruz y si logro aceptarlo y entenderlo podre sobrellevarlo con mayor facilidad. 

Hoy simplemente me sentí agotado, emocionalmente cansado y por un momento soñé con ese vínculo y lo extrañé, como quien anhela lo perdido, como quien recuerda una memoria que nunca existió, un recuerdo etéreo, borrozo de una realidad que nunca fue y nunca será. Hoy llegare a mi casa y ahi estara S, seguramente la casa estará desordenada, la cama destendida, el piso sucio, seguramente me recogerá en la moto y nos saludaremos como quien saluda un colega, un amigo muy querido, y seguiré fingiendo que todo esta bien, que esa es la vida que soñé, que esa es la relación que tengo, me acostare del lado de mi cama abrazando y mi Keyla, agradeciendo por lo que tengo, y tratando de disipar estos pensamientos porque nada va a cambiar.

Seguiré tratando de cambiar esta parte de mi que sigue anhelando algo que no debe ser, sintiéndome invisible, aferrándome a todo lo demás que Dios me ha concedido por su misericordia, tratando de enterrar bajo los proyectos y ocupaciones, mis preocupaciones familiares y el día a día de mi vida adulta, esa voz que me dice que estoy en bancarrota en el amor y que nunca pude tomar una sola decisión inteligente en temas del corazón. 


viernes, 18 de abril de 2025

175 dias... Desde que formalice lo que hay

Han pasado 175 días. No me quejo; tampoco ha sido horrible. La boda no fue, definitivamente, como la soñé cuando era adolescente. No hubo chispas ni magia, tampoco una fiesta. No invité a mi familia, no hubo un beso romántico ni miradas enamoradas. Fue una transacción legal que S y yo reconocimos como necesaria por la finca que tenemos juntos.

Sí, compramos una finca. Y gracias a Dios, mis papás ahora tienen un lugar donde vivir, sin preocuparse por el arriendo. Eso es todo lo que me importa: la familia tiene un refugio. En tiempos oscuros será nuestra arca, el lugar donde podremos huir y escondernos cuando llegue el momento.

Con S, la rutina es una costumbre natural, y creo que no es algo necesariamente malo. Pienso que en todo matrimonio hay algo de rutina. En mi caso, aún no sé qué tipo de amor siento por S. Y, bueno, supongo que S siente de la mejor manera que puede. Entendí que no es su responsabilidad. En definitiva, las decisiones las tomé yo. Muchas veces me negué a construir con otras personas porque me sentí inseguro y desconfiado. Pero con S no es así: no corro el riesgo de perder el control. Al final, todo se ha resumido en eso: me quedé con S porque con él tengo el control de mis emociones, porque sé que si falla otra vez, ya no habrá dolor.

Desde D, cuando empecé las líneas de este blog, me rompí completamente. Luego de eso, ya no pude arriesgarme a enamorarme de nuevo. Creo que con S me mantengo en ese límite: lo quiero muchísimo, me preocupo por él, pero mi apego ansioso ya no existe. Tal vez, si el día de mañana él decide irse, seguro lo extrañaré, pero siento que no dependo emocionalmente de él para ser feliz.

Hoy, a vísperas de mi cumpleaños, me siento algo triste. Trato de analizar mis sentimientos para entender qué me produce este halo de melancolía. Creo que es el vacío que deja la ausencia de un amor verdadero. No es culpa de S; él hace su mejor esfuerzo. Solo que yo sé que puedo dar más, que puedo tener algo más especial, mucho más profundo. Una conexión real. Y con S nunca lo he logrado.

Nuestra relación se mantiene en la superficie. Nos conocemos, nos queremos, nos acompañamos, pero a veces se siente como si viviéramos en mundos distintos. Como si compartiéramos gastos, responsabilidades y espacios, y aun así lleváramos vidas separadas. No sé cómo explicarlo, pero es como si él, sencillamente, fuera ajeno a mí. No lo siento mío, no lo siento verdaderamente mi esposo. Y en estas fechas, esto se siente un poco más fuerte que otros días.

Usualmente, dejo en el baúl de mis emociones —y en lo profundo de mi mente— estos pensamientos de que algo falta, de que algo no conecta, de que algo no está del todo bien aquí. Sin embargo, durante esta semana me he sentido invadido por una tristeza extraña, un anhelo profundo de eso que siempre he buscado y que ha sido tan mezquino conmigo.

Hay días en los que extraño un abrazo genuino, un beso apasionado, unas caricias reales. Cuando S me toca, no lo siento así. Sus besos son insípidos, sin ningún sabor. Los pocos abrazos que nos damos no se sienten llenos de amor; más bien, siento como si un amigo al que quiero mucho me diera uno de esos abrazos cordiales. Y la intimidad se ha reducido a esos 10 minutos de desfogue apurado, como si tuviéramos que terminar rápidamente. No hay caricias, no hay besos, no hay conexión. Solo la satisfacción momentánea de una necesidad física.

A mis 37 años, siento el peso de mis decisiones. Dudo mucho que el Eterno tenga algo que ver; creo que Él igual podría haberme bendecido si yo hubiera tomado decisiones correctas con mi corazón. Me entristece no tener amigos cercanos, personas que me quieran y que sientan alegría por celebrar mi vida. Amo a mi familia, sé que ellos me aman de vuelta y agradezco su presencia. Solo que... existe este vacío, este camino interior solitario que a veces pesa.

Sé que S hace su mejor esfuerzo, pero, a decir verdad, parece que su interés está más enfocado en sus juegos y en sus amigos virtuales. Hay días en los que siento rabia conmigo mismo. ¿Por qué? ¿Por qué tomé estas decisiones? ¿Por qué me amé tan poco? ¿Por qué decidí quedarme con alguien con quien sabía que viviría en este estado inconstante de desamor, frustración, resignación y esperanza de que, de repente, ocurra un milagro y todo cambie?

Aún hay días en que fantaseo con que, en algún lugar, en el momento menos esperado, ese hombre anhelado aparecerá. Que me amará y yo lo amaré como siempre soñé. Todavía fantaseo con ese hombre alto, fornido, masculino, inteligente, bondadoso, sencillo, aventurero, temeroso de Dios, atractivo. Sé que es ingenuo pensarlo. Además, cada vez me siento menos atractivo. Los años ya se me notan y siento que hace mucho perdí esa oportunidad.

En fin. Sigo dejando en estas páginas virtuales mis sentimientos. Los que no puedo decirle a nadie. Los que me ahogan a veces. Los deseos de dejar todo atrás y cambiar completamente mi vida. El deseo de amar de verdad, de volver a ser amado y deseado, de sentirme realmente especial para alguien.

Sigo mi vida, mientras tanto, en este matrimonio barato. Con algo que se parece más a una relación de roommates que a un matrimonio real. No era lo que soñaba, y tal vez ya nunca lo consiga. A lo mejor me haré viejo —si este mundo se alarga— y terminaré contándole a mi sobrina lo frustrado que fui desde joven, por no tomar las decisiones que me hubieran hecho feliz.

Feliz cumpleaños a mí.

viernes, 25 de octubre de 2024

Hoy comienza la nueva temporada, me caso.

Si me caso con la misma persona de la que me he quejado durante los últimos ocho años, no lo hago con alegría ni con la ilusión de tener el matrimonio que soñé de adolescente, y tampoco me caso con el hombre de mis sueños. Me caso porque es lo que hay que hacer, porque es lo correcto, porque es lo que mi familia espera; me caso porque así tiene que ser, por la estabilidad y los negocios que tengo con él.

No me siento feliz. Este matrimonio será una fría y simple transacción legal en una notaría; no habrá votos ni palabras bonitas, ni un hombre que esté ilusionado por estar conmigo, alguien que tenga palabras dulces para mí, o que sienta en su corazón la felicidad de compartir su vida a mi lado. Me caso con un hombre desconectado de sí mismo, emocionalmente inaccesible, y ya no espero que las cosas cambien. Así es y así será mi vida. Al final, nunca tuve la inteligencia ni la valentía para poner fin a esta relación y buscar mi felicidad. Fui cobarde, tuve miedo de quedarme solo, miedo de no encontrar un amor verdadero, de no merecerlo. Y aquí estoy, a dos horas y media de dar el "sí" frente a un notario, con alguien con quien tal vez nunca sienta ese amor bonito que tanto tiempo esperé.

Hoy completo mi renuncia total a la vida homosexual; hoy entierro todo deseo, toda ilusión. Hoy comienza la vida que considero mi sacrificio para agradar a Dios de la mejor manera. Hoy abandono completamente mi interés en encontrar a alguien que me haga sentir vivo de nuevo, en vibrar con un amor real, en sentir la pasión de unos besos verdaderos. Hoy me niego a mí mismo, con la esperanza de que, en el nuevo mundo, cuando esta oscuridad termine, pueda volver a vivir y mi alma pueda vibrar otra vez.

Durante toda la semana le insistí a S para que escribiera sus votos. Era el momento especial en el que podríamos haber expresado nuestros sentimientos, pero su respuesta fue que no hacía falta. Yo tampoco escribí nada. Voy a ir simplemente a cumplir el compromiso legal, y luego me olvidaré del asunto. Seré un hombre casado frente al Estado, lo que protegerá nuestros derechos y evitará diez mil problemas futuros, sobre todo por la finca que compramos. Esa, creo, es realmente la razón para hacer esto.

En fin, ya no me lamento ni me quejo más por esto. Es lo que es. No me tocó en esta vida tener mi historia de amor romántico de novela. Me doy por bien servido con tener una relación estable, un compañero de vida y de negocios, y poder ofrecerle un futuro a mi familia. Es todo lo que me importa. Ya entendí que nunca encontraré ese amor que tanto soñé, así que hoy también renuncio a ese sueño.

Lo enterraré en el baúl de mis memorias, en lo profundo de mi ser, y viviré la vida que fue escrita para mí. Esta es, y así es como debe ser. Que mi Dios nos acompañe de aquí en adelante.

miércoles, 21 de agosto de 2024

322 días luego del evento Canónico... Deja Vu

No tengo la valentía de terminar esta relación, en verdad lo intenté. Al siguiente día de nuestra conversación civilizada sobre cómo iba a terminar nuestra relación hubo algo que me hizo retroceder: S de manera muy sutil me insinuó que si nos separabamos entonces no tenía sentido que el continuara en el proyecto de la finca. Golpe bajo, tuve que retractarme y convencerlo de seguir juntos, y no tengo otra opción, mis padres y ahora mi hermano menor y su familia dependen de esa tierra, y la verdad es que me falta Fe para creer que hay otra solución diferente a continuar esta sociedad con S, lo admito soy un completo cobarde.

Heme aquí 2 semanas y media después, atrapado en una relación que me mantiene en esta lucha emocional y psicológica, no culpo al pobre de S, el tendrá sus luchas y también él mismo es producto de su vida triste de abandono y falta de amor. Y tampoco me victimizo; en mi caso a veces no sé si busco razones para liberarme de este compromiso solo porque ahora soy plenamente consciente que tengo un problema serio de adicción al sexo. Las redes de ligue son para mi un buffet donde puede escoger a la carta con quien quiero satisfacer mis deseos carnales y S se me ha convertido en ese obstáculo que no me permite dar rienda suelta a mis bajos instintos.

S no me satisface de la forma en la que yo quisiera, estando disponible para mi de todas las formas, dándome acceso a su cuerpo para satisfacer mis placeres ilimitadamente. Tal vez o casi estoy seguro que esa es mi rabia, la frustración que siento contra él, verlo como un obstáculo, como un detestable agente de la ley que me impide desbocarme y satisfacer estos deseos de continuo solamente el placer de la carne.

Todo esto se ha combinado en un tornado de depresión, vergüenza, lucha interna entre ese yo que desea huir y transformar todos esos deseos en obediencia y santidad a Dios, y aquel monstruo que habita en mi piel queriendo salir desesperadamente a devorarse el mundo y al final ser contado entre las almas impias mientras es devorado por él fuego eterno.

No logro encontrar un equilibrio, tampoco logro encontrar en mi corazón amor por S, desde que sucedió el evento Canónico, S se convirtió en un desconocido para mi, y aunque he intentado volver a hacer que mi corazón crea en él y vuelva amarlo lo cierto es que después de eso ya no pude conectarme de nuevo con el futuro que habíamos soñado. He vuelto a las redes de ligue a llenarme el vacío emocional y la baja autoestima con conversaciones superficiales para sentirme bien conmigo mismo, trato de no avanzar con ninguno porque no podría manejar una situación así, pero teniendo la relación con S y otra relación paralela.

Sin embargo en el fondo a veces imagino enamorarme de alguien de nuevo, encontrar a hombre perfecto para mi, y entonces tener las fuerzas suficientes para romper las cadenas qué me atan a S y volar hacia mi felicidad y luego recuerdo que esa felicidad podría ser efímera, por poco tiempo y luego me perdería, pero si es que ya no estoy perdido ahora mismo. 

Llevo días queriendo ver a CCA, siento la necesidad de verlo, pero me acobarde y decline el viaje que tenia pensado a Bogotá, tuve miedo de enfrentar las consecuencias de abrir esa puerta y no saber como manejarlo, hay tanto en juego que prefiero estar así y seguir con S mientras mi familia tenga un techo seguro. No se si eso es lo que significa negarse a uno mismo, pero mi amor por mi familia es mucho más grande que el que tengo por mi mismo, y no me importa mucho seguir en esta árida y falsa relación de pareja si se que mi familia va a tener bienestar. 

No soy un buen tipo, por años pensé que lo era e incluso me victimice muchísimas veces, pero ahora se que soy narcisista y tóxico, inseguro y con baja autoestima y además siento que no tengo suficiente virilidad, al fin de cuentas la naturaleza del ADN me dio por la herencia una herramienta pequeña. Vivir en un mundo donde el tamaño es tan importante para mi es una sentencia a fracasar en mis relaciones porque mi pequeña herramienta no es lo suficientemente erotica para satisfacer. A veces creo que esa es la razón por la cual S no siente tantos deseos de estar conmigo, creo que no es difícil adivinar que seguro fantasea con hombres mucho más viriles que yo, más "machos".

A medida que van pasando los años y me hago más adulto, las cosas se ponen más complicadas y difíciles de resolver, parece que mes tras mes; año a año me envuelvo más y más en esta red que yo mismo teji para mi propia trampa, y no puedo escapar.

Tengo qué continuar por ahora de esta manera, esperando el momento en que llegue mi oportunidad definitiva de cambiar para bien mi estado emocional, no me asusta quedarme solo, me asusta pensar que la vida es corta y que no la estoy viviendo con pasión y propósito por permanecer a lado de alguien a quien no amo, y que me ata como un ancla a una vida rutinaria, seca y aburrida qué me está consumiendo. 

Los ataques de ansiedad son muy fuertes, libero muchísimo cortisol en las madrugadas y aparte a veces siento una lucha mental cuando estoy junto a S qué me hace pensar que en definitiva mi cuerpo ya esta hablando claramente y que voy a tener que priorizar mi salud mental antes que colapse de alguna manera. No tengo la respuesta en este momento pero tendré que buscarla y pronto antes que todo se salga de las manos. 

viernes, 2 de agosto de 2024

303 días después del evento Canónico... El día cero

Hoy empieza el día cero que tanto temí y nunca me había sentido más decidido, llevo semanas temiendo qué llegara la "conversación" con S, y finalmente llegó, no por mi, él se sentó a mi lado en la cama y me preguntó si algo me sucedia, y con el malestar tan fuerte que tengo por ese virus que contraje esta semana en Medellín, me trate de contener pero al final dije exactamente lo que había estado pensando hacía meses. Tengo miedo, tengo miedo del día en que nos separemos, miedo de lo que será nuestra vida como dos extraños después de estos casi 10 años que compartimos, después de tanta historia. Estoy destruyendo mi intento de hogar y de familia y tengo miedo, tengo miedo de pensar en lo que será después de que todo esto pase.

Se que perderé muchas cosas a las que ya me había acostumbrado, pero ya no puedo seguir viviendo a medias, sintiéndome vacío y seco por dentro, en una relación de pareja que no me satisface y con una persona a la que quiero mucho pero de la que en verdad nunca me enamore. Quiero a S muchísimo y se cuanta falta me va a hacer para todas esas cosas a las que me acostumbré pero ya lo viví una vez, ya pase por todo esto y se que puedo sobrevivirlo con la tranquilidad y la valentía que necesito ahora. 

Me siento seguro de lo que estoy haciendo, y cueste lo que me cueste esta decisión no pienso retroceder esta vez, se que mi cerebro y la fuerza de las costumbres van a intentar evocar las cosas que por tanto tiempo me hicieron permanecer, pero ya sé que no son suficientes. Me duele un poco que no haya solución, después de todo S y yo invertimos 10 largos años en construir toda esta vida que tenemos y ahora en una conversación de 40 min se esfumo para siempre. Tengo miedo, pero debo ser valiente esta vez y enfocarme en lo que quiero para mi. Y que el Señor me guie porque hace 2 horas tenía clara mi vida ahora muchas cosas están inciertas.

S como siempre reacciona con cierta indiferencia, y entiendo que su apego evitativo lo protege del dolor que esto le produce, no le voy a reprochar nada, lo entiendo y espero que pueda tener espacio para pensar en lo que quiere, me entristece arrebatarle su familia, este hogar, su estabilidad, si tan solo el quisiera cambiar de alguna manera. Pero no, no es conmigo ya, debo dejarlo ir por fin, y enfrentarme a mi futuro, el tiempo ests cercano, ilusamente sueño con que tal vez me use de alguna manera y al final yo recupere mi destino. El destino para el que siento que nací. 

Estoy en paz en mi corazón, la transición será suave, no quiero que nos separemos abrupta mente, tendremos 30 días para desprendernos emocionalmente y hacer ese cambio en nuestras mentes, no quiero esta vez producir dolor, o que nos rompamos el corazón,  ambos nos hemos querido mucho, y yo a S lo seguiré queriendo mucho y agradeciendo cada cosa que hizo por mi. Su compañía significó mucho en mi vida todo este tiempo, y eso es lo que guardaré toda mi vida. 

Ahora estoy 10 años más viejito, así que espero haber por fin aprendido de todos mis errores, reconocer mis debilidades, volverme más valiente y fuerte para tomar decisiones y para decir - No - y detener esta carrera de complacencia a todas las personas. S te quiero mucho, eres alguien especial para mi, siento mucho que nuestra historia haya llegado finalmente a su fin, pero sé que de alguna manera esto es lo que Dios quiere y aunque nos duela un tiempo, luego entenderemos el bien que nos hizo. 

Hoy agradezco a Dios a S por estos 10 años de apoyo incondicional, de amistad y de cariño. Y no puedo más que desear para la vida de S la felicidad que se merece. Gracias, gracias por estos años. 


jueves, 1 de agosto de 2024

302 días después del evento Canónico - Comparaciones

Me siento hastiado, cansado, acorralado y sin ninguna salida para resolver La frustración en lo que se ha convertido mi vida sentimental. Si bien no he sido precisamente exitoso en ese aspecto últimamente siento que he sido espectador de mi propia tristeza, he sido cobarde, vicioso, irresponsable, débil de carácter, y al final es como si todo este tiempo hubiera querido sabotearme a mi mismo al punto de terminar en este relación que no me da casi nada, pero que me lo está quitando todo.

Y no es como que ya quiera victimizarme, al menos soy lo suficientemente maduro como par entender que no soy la víctima, más bien creo si que soy mi propio victimario. Soy mi propio asesino que años tras años con las pésimas decisiones que he venido tomando en temas del "amor", le ha venido quitando pedazos a mi pobre corazón.

Las cosas con S son, simplemente estamos ahí juntos, porque nos conviene, porque sabemos que separarnos implica incomodarnos, perder plata, estar solos, y aparte perder el statu quo qué hemos de alguna manera construido hasta la fecha, pero no somos felices, o por lo menos yo no lo soy, en esta relación no hay romanticismo, ni fechas especiales, ni momentos memorables, no hay palabras lindas, muy pocos detalles, nada de pasión, ni intimidad, pero si muchos secretos, mentiras, engaños, doble vida, frialdad, indiferencia, frustración y la lista podría seguir y seguir...

Antes solía culpar a S por todo, pero entendí que el tampoco tiene la culpa, él es así, yk simplemente me force a mi mismo a estar con él porque ese era el amor que yo creía merecer y porque soy tan inseguro de mi mismo que pienso que no me merezco un hombre más exigente, un hombre mejor para mi, si es que lo hay o si es que me lo merezco. Pero deje ir buenas personas en mi vida, y aparte nunca tuve claro que quería hacer, hacia donde iba, vivía la vida así pensando en lo que pasa hoy y tal vez en una semana pero jamás tuve una meta clara en lo que yo hubiese querido en el amor, y como no sabía ni siquiera que persona yo quería a mi lado ni que quería construir en realidad, aquí estoy lamentandome el hecho de no poder terminar una relación que ya no quiero porque yo mismo construí alrededor una casa enorme que ahora cuesta demasiado derrumbar.

Hoy por casualidad entre el perfil de Facebook de D, la razón de este blog, el evento más canónico de mi vida, la persona que vino a mi vida para ayudarme a madurar de alguna manera, a crecer, a darme cuenta que la vida no era todo color rosa y que no podía seguir siendo tan ingenuo e inocente. D por quien me rompí el corazón no una sino dos veces, a quien quise mucho y con su narcisismo encontró la forma de detonar hasta su máximo nivel mi apego ansioso. Y por quien además todavía luego de 10 años sufro ansiedad y depresión. D, ahí esta, feliz, casado con un hombre muy atractivo, con quien abrió su centro de belleza, y ahora tiene la vida tan soñada que siempre quiso, al final creer ser Teresa le funcionó porque logró todo lo que anhelaba, siento envidia de él y que el Universo me perdone, ahí esta D en sus fotos maravillosas, aún más lindo que antes, más Acuerpado, sensual, y con su esposo de portada de revista, su perrita y su nueva gata. Ahí esta D presumiendo su maravillosa vida de cuento, de novela venezolana.

La vida que me hubiera gustado tener, un hombre atractivo a mi lado, yo a mis 36 años con un cuerpazo sensual, y enamorado de mi esposo, presumiendo en redes nuestra vida. Y no me quejo de mi vida actual, Dios ha sido misericordioso conmigo hasta donde no más  a pesar de mi desobediencia y mi constante contradicción entre obedecerle a él y darle rienda suelta a mis deseos. Pero ese es otro tema.

D fue fiel a su plan, la tenía clara y no dejo que nada ni nadie lo detuviera en lo soñaba, y no sé preocupo por los corazones rotos, no pensó en Las consecuencias de lo que hacía, el siguió escalando y escalando, hasta que llegó y alcanzó lo que tanto quería, No digo que la forma en la que lo hizo sea correcta, pero ahora es un tipo mucho más atractivo y se casó con un tipo que es también muy atractivo y tienen una vida excelente juntos y se le ve feliz y enamorado. Parece que yo fui el que pagó el castigo de esa relación, porque luego llego S y bueno lo que ha sido mi historia con él los últimos 10 años, una montaña rusa absoluta, y una creciente frustración que se ha convertido en ansiedad y estrés. No soy feliz con S, hay días que no lo soporto y él no tiene la culpa, él se esfuerza mucho por darme de lo poco que tiene pero para mi eso ya no es suficiente. Estoy cansado. 


464 dias de Matrimonio

Grandes cambios se están dando a nuestro alrededor, el mundo convulsiona y no puedo ser indiferente a aquello que menha definido toda mi vid...