Bitacora del que ha amado
martes, 24 de febrero de 2026
19 dias después del evento Canónico - pensamientos
19 días despues del evento canonico - Mi Verdad
Mis miedos, mis narrativas y el nuevo sistema que estoy construyendo
Estoy viendo algo con claridad que antes no podía ver: yo suelo convertir mis vínculos emocionales en destino. Los sobredimensiono. Los vuelvo absolutos. Y cuando los pierdo, no solo pierdo a la persona: pierdo el mundo que mi mente había construido alrededor de esa persona.
Estoy cansado de vivir así.
Esta vez quiero hacerlo diferente. No quiero reducir mis emociones, ni negarlas, ni “ajustarlas” para que se vean bonitas o maduras. Quiero integrarlas. Quiero que mi verdad emocional tenga un lugar real en mi vida sin convertirse en una cadena. Quiero dejar de actuar desde el modo reactivo, ese modo en el que uno solo intenta apagar el dolor, eludir el vacío, evitar la angustia, y termina tomando decisiones para anestesiarse.
Hoy estoy eligiendo algo distinto: sentir el dolor sin convertirlo en dirección. Sentir sin correr. Sentir sin buscar señales. Sentir sin reabrir ciclos.
1) Mis miedos internos: lo que realmente me mueve
Tengo miedo de no volver a amar.
Este miedo aparece como una sentencia: “no voy a volver a sentir algo así”, “esto era único”, “ya se acabó mi oportunidad”. Y es un miedo comprensible, porque en mi historia no me enamoro cada semana. En mi caso, pasar años sin sentir ese tipo de amor ha sido real. Por eso cuando mi corazón despierta, la pérdida se siente como si se apagara la única luz del mundo.
Pero ya entendí algo: que algo se sienta único no significa que sea destino. Significa que tocó un lugar profundo. Y tocar lo profundo duele cuando se va. Mi tarea no es pelear con ese miedo; mi tarea es no obedecerlo.
Tengo miedo al abandono.
No solo al abandono real, sino al abandono emocional: no saber si el otro me piensa, si me extraña, si me olvidó, si ya está con alguien más. Mi mente busca confirmación, como si la confirmación me diera oxígeno. He visto cómo ese deseo de confirmación puede volverse un motor de recaída: escribir, buscar, revisar, stalkear, “solo para saber”. Y ya entendí que eso no es amor: eso es un sistema nervioso pidiendo una dosis para calmarse.
Tengo miedo a la soledad.
Yo sé que hay un punto donde la soledad se vuelve un monstruo en la imaginación: “vas a terminar solo, viejo, amargado, con una mascota, viviendo de recuerdos”. Esa película aparece especialmente de noche, cuando todo está oscuro y uno se encuentra consigo mismo. Pero ya no quiero vivir tomando decisiones para evitar esa película. No quiero volver a quedarme en lugares que no son hogar solo porque me aterra estar solo.
Tengo miedo de fracasar espiritualmente.
Durante años convertí ciertos vínculos en amuletos de salvación. Como si estar en una relación “correcta” garantizara que todo estaba bien con Dios. Y cuando el vínculo se agrieta, aparece el pánico: “si salgo de aquí, me pierdo”. Ese pánico no me vuelve santo; me vuelve esclavo. Hoy estoy aprendiendo que Dios no es un verdugo de ansiedad. Dios no me pide que me apague para ser fiel. Me pide coherencia y verdad.
Tengo miedo de ser débil.
Yo he vivido mucho tiempo desde un rol: el fuerte, el que sostiene, el que salva, el que guía, el que protege. Pero debajo de ese rol hay un niño asustado que no quiere sentirse vulnerable. Y cuando por fin me enamoro y soy vulnerable, ese niño grita, exige certezas, busca estabilidad inmediata, quiere controlar el resultado. Ese rol del “héroe sacrificado” me ha destruido por dentro. Hoy quiero amar sin ser salvador, y quiero estar con alguien sin convertirlo en salvavidas.
2) Mis narrativas automáticas: las frases que me secuestran
He identificado las frases que mi mente usa como hipnosis emocional:
-
“Si fue amor real, tenía que terminar bien.”
-
“Si duele así, era mi única oportunidad.”
-
“Si sufro lo suficiente, Dios me recompensará.”
-
“Si me separo, entonces todo se arregla y podré estar con él.”
-
“Necesito una señal para estar en paz.”
-
“Si no lo busco, lo pierdo para siempre.”
Estas narrativas suenan profundas, pero son trampas. Son mecanismos de control. Son intentos de mi mente de comprar estabilidad con fantasía.
Y aquí está lo más difícil: yo puedo sentir amor real y aun así estar atrapado en narrativas falsas. Las narrativas no prueban nada. Solo muestran el estado del sistema nervioso.
3) El cambio que estoy haciendo: mi nuevo sistema
No quiero seguir viviendo en absolutos. No quiero que mis emociones escriban mi destino.
Mi nuevo sistema se basa en algo simple: significado no es destino.
Lo que viví con Santiago fue significativo. Me despertó. Me devolvió la evidencia de que mi corazón sí puede amar. Pero eso no significa que era un contrato con el futuro. No significa que si me divorcio, la vida me va a premiar con él. Esa fantasía es una forma elegante de anestesia. Y yo ya no quiero anestesia.
Por eso hoy sostengo estas verdades al mismo tiempo:
Verdad emocional: lo extraño, lo amé, me duele, mi corazón lo llora.
Verdad objetiva: lo cerré, lo bloqueé, me despedí, y eso es un hecho real.
Verdad de decisión: no voy a reabrir el vínculo. No voy a construir sobre ruinas. No voy a vivir dividido.
La integración es esto: sentir sin actuar. No negar la ola, pero no obedecerla.
4) Resignificar a Santiago sin convertirlo en destino
No quiero mentirme.
Santiago fue real para mí. Fue un catalizador. Fue un espejo. Fue un recordatorio brutal de lo que es sentir conexión, ternura, presencia, reciprocidad. Me mostró el tipo de vínculo que yo anhelo: uno donde no tengo que exigir amor, donde el amor nace y fluye, donde no hay frialdad ni rutina seca.
Pero hoy resignifico esto así:
Santiago no fue “mi oportunidad”.
Santiago fue la evidencia de que yo estaba vivo por dentro.
Y si lo suelto, no estoy negando lo que sentí. Estoy honrándolo. Porque mi amor por él no necesita poseerlo para haber sido verdadero. Lo que sentimos existió. Y eso basta para integrarlo.
No voy a usar a Santiago como excusa para escapar. No voy a usar a Sebas como anestesia para no sentir. No voy a usar a Dios como amenaza para quedarme en una vida muerta. Quiero un corazón íntegro, sin doble vida.
5) Mis nuevas reglas personales (para no recaer)
-
No busco señales. No hago stalking. No reabro canales.
-
Cuando la ansiedad pida confirmación, no la alimento: la regulo.
-
Cuando mi mente diga “único e irrepetible”, recuerdo: eso es el duelo hablando en absolutos.
-
No tomo decisiones grandes en medio de la tormenta.
-
No uso el sexo como pegamento, ni como consuelo, ni como negociación emocional.
-
No vuelvo a ser el héroe sacrificado: no me pierdo para sostener a otros.
-
Mi fe no es un amuleto, es un centro: Dios sostiene mi identidad, no una relación.
6) Mi cierre de hoy
Hoy suelto. Hoy rindo. Hoy no actúo desde el dolor.
Mi despedida con Santiago es un hecho. Y voy a ser coherente con ese hecho. No voy a vivir sosteniendo esperanzas falsas. No voy a acelerar ni retrasar decisiones por fantasías futuras.
Hoy estoy atravesando un desierto. Y en el desierto no se construyen castillos. Se aprende a caminar.
Hoy dependo de Dios.
Y hoy, por primera vez en mucho tiempo, le rindo lo último que me negaba a rendirle: mis emociones.
En 2016 ya sabía que la soledad era parte del proceso. Hoy lo confirmo: no es castigo, es medicina. La diferencia es que ahora no lo digo como idea: lo sostengo como decisión.
19 días después del evento Canónico - Desierto
lunes, 23 de febrero de 2026
Un Alto en el camino - ¿Después de 12 años quien soy?
“Evidencia y patrón (2014–2026)”
Propósito: dejar constancia de que esto no nació con Santiago, y que mi historia emocional tiene un hilo conductor: trauma → armadura → anestesia → búsqueda de rescate → despertar → coherencia.
2014 — El desastre que quebró mi sistema emocional (D)
Hecho: la ruptura de diciembre 2014 me dejó con secuelas profundas.
Señal: mi corazón quedó seco, con miedo al engaño, y con una armadura que normalicé.
Insight: el trauma no solo rompe una relación: rompe tu forma de confiar.
2015 — Inicio con Sebas: refugio, deseo y ambivalencia
Hecho: inicio una relación con Sebas en un estado emocional frágil.
Señal: pasión fuerte en mí, ansiedad, celos, lectura del otro, miedo a perder.
Insight: cuando entras a una relación herido, tiendes a confundir “refugio” con “hogar”.
Junio 2016 — La armadura ya estaba puesta
Hecho (227 días): escribo que me siento profundamente solo, que no logro conectar, y que tengo “subidas y bajadas” enloquecedoras.
Señal: el futuro con Sebas se me ve “difuso”; reconozco que quiero llenar vacíos “afuera” y pido tiempo para respirar.
Insight: mi problema no era Sebas: era yo intentando amar con un corazón protegido y traumatizado.
Marzo 2018 — La cercanía se volvió tortura
Hecho: vuelvo a verlo creyendo que algo cambiaría, pero todo sigue igual.
Señal: no hay chispa; me siento rechazado; empiezo a creer que él me quiere como hermano, o como quien busca protección.
Insight: cuando la intimidad no es recíproca, la relación deja de ser pareja y se vuelve un vínculo asimétrico que desgasta.
Enero 2019 — Sebas ya era “socio” en mi mente
Hecho (1.498 días desde 2014): admito que no pude revivir mi corazón; con Sebas soy socio, amigo, hermano.
Señal: reconozco que lo confundí con amor porque era un salvavidas.
Insight: la gratitud y la compañía pueden sostener una vida, pero no necesariamente construyen romance vivo.
Junio 2019 — La fantasía de rescate
Hecho: vuelvo a registrar vacío, tristeza, sentirme usado sexualmente por otros, y anhelo de un abrazo que “me salve”.
Señal: aparece con claridad mi necesidad de que alguien me proteja incluso de mí mismo.
Insight: cuando el vacío sube, mi mente busca un rescatador. Esa fantasía me vuelve vulnerable a idealizar.
Julio 2022 — Diagnóstico completo: anestesia y “tapones”
Hecho: escribo que estoy robotizado, tedioso, sin deseo ni complicidad; describo codependencia y dinámica tipo mamá/hijo.
Señal: reconozco que me quedo por miedo a estar solo y por estabilidad, y que uso “tapones” sentimentales.
Insight: la paz falsa es anestesia; la paz real exige valor.
Septiembre 2023 — Sobrecarga, desigualdad y ansiedad
Hecho: intento “salvar” la relación; él permanece inerte; yo cargo casa y vínculo; tengo crisis de ansiedad.
Señal: aparecen rabia, resentimiento y agotamiento; la relación ya no me regula: me enferma.
Insight: cuando una relación te produce síntomas físicos, tu cuerpo está diciendo lo que tu mente no quiere aceptar.
Octubre 2023 — Trauma: traición, ruptura y promesas grandiosas
Hecho: estalla todo: mentiras, conversaciones, humillación, ruptura.
Señal: él vuelve destruido y promete cambio total (terapia, boda, borrar redes), con intensidad emocional/sexual extrema.
Insight: el arrepentimiento emocional puede ser sincero y aun así no sostener cambio real a largo plazo.
Febrero 2024 — Confirmación: el cambio no se sostuvo
Hecho: siento corazón muerto, aversión, vacío, desregulación sexual, resentimiento.
Señal: reconozco que esto debió terminar antes.
Insight: cuando la promesa se rompe y el patrón regresa, el amor ya no “repara”; solo retrasa.
Octubre 2025 — “Sociedad”: el romance ya no existe
Hecho: la relación se parece a una sociedad de negocios y rutina.
Señal: anhelo de conexión real, pero resignación por responsabilidad y miedo.
Insight: resignarte no es madurar; a veces es rendirte.
2026 — Santiago: despertar emocional y decisión ética
Hecho: sin buscarlo, aparece Santiago y despierto: vuelvo a sentir amor real.
Señal: también aparece desregulación (ansiedad, presión, incertidumbre) y el contexto es inviable (sigo casado, sin cierre).
Decisión: cierro aunque duela: por coherencia, por no dañar a Sebas, por no dañar a Santiago, por no vivir dividido.
Insight: amar no siempre significa quedarse; a veces amar significa soltar limpio.
Mi Constitución Afectiva — reglas para no volver al piloto automático
Propósito: no volver a anestesiarme con gente, no volver a elegir desde miedo, y no volver a confundir rescate con amor.
Principios no negociables
-
No vivo vida dividida. Si tengo que ocultar, justificar, o “compartimentar”, no es camino.
-
La paz de la conciencia es prioridad. Prefiero dolor limpio que paz falsa.
-
No uso a nadie como anestesia. Ni para llenar vacío, ni para evitar soledad, ni para calmar ansiedad.
Reglas de vínculo
-
Reciprocidad o nada. Si yo cargo el vínculo, eso se vuelve deuda y resentimiento.
-
Presencia sostenida, no picos reactivos. No confundo “cambio por amenaza” con transformación.
-
Cercanía que regula, no que tortura. Si la intimidad me deja frustrado/insomne/ansioso, escucho el cuerpo.
-
No sexo sin coherencia. La intimidad física no es pegamento para salvar una relación muerta.
Reglas de discernimiento
-
No tomo decisiones grandes en pico emocional. Espero baseline y miro consistencia.
-
La consistencia se mide en meses, no en días. Promesas sin hábitos no valen.
-
No idealizo la “magia”. La magia no reemplaza estructura, límites y compatibilidad real.
Reglas de autocuidado (para romper el patrón raíz)
-
Mi autoestima no se negocia. No me quedo por lástima, culpa o miedo al abandono.
-
Aprendo a estar conmigo. Antes de buscar “el abrazo salvador”, construyo mi centro: sueño, salud, rutina, propósito, terapia.
-
Si aparece el impulso de “rescatar” o “ser rescatado”, hago pausa. Esa es mi alarma de vieja herida.
Regla final (la que resume todo)
-
Puedo amar y aun así soltar. Si amar implica daño, el amor verdadero elige coherencia.
“Lo amé de verdad, y por eso lo solté limpio. Y ya no vuelvo a vivir anestesiado.”
18 días después del evento canónico - Asfixia
Estoy tratando de recoger los pedazos que me quedan después de todo esto. El sábado por la tarde le envié el mensaje de despedida a Santi y, desde ese momento, el corazón se me convirtió en una masa de espinas y cuchillos que me desgarran por dentro; me arde con cada latido. Bloqueé a Santi de todas partes para evitar reabrir el ciclo de dolor que estábamos viviendo: yo intentando resolver la situación en casa mientras él se llenaba de ansiedad e incertidumbre, sin saber qué pasaría después. Lo entendí y tomé la que creo es la decisión más cara que me ha tocado asumir: cerrar la puerta y renunciar a él, amándolo como lo empecé a amar.
La historia de mi vida sentimental en los últimos doce años ha sido de desamor, de afectos vanos, superfluos, superficiales y pasajeros. Pero este amor, específicamente este, me desarmó por completo. No lo esperaba en absoluto; llegó de forma tempestiva cuando yo ya me había convencido de que la vida en mi matrimonio era la que merecía, la que me tocaba, a la que debía resignarme. Eso pensé hasta que apareció mi Santi con su personalidad jovial, lleno de vida y optimismo, con esa forma de quererme bonito, de hacerme reír, de llorar juntos y de soportar esta situación hasta donde pudo. Creo que es la primera vez en la vida que renuncio a alguien para no dañarlo, para que ese amor tan puro no se contaminara con la densidad de mis complejidades actuales. No quiero herir a Sebas porque entiendo que también fallé; es mi responsabilidad que, si he de hacer un cierre, este sea de la forma más misericordiosa y sana posible. Todo en su momento y en su orden.
Sé que para Santi esto fue una despedida definitiva; me lo repitió mil veces y me lo dejó claro el domingo por la mañana cuando me dedicó varias canciones. Se despidió de mí, no sin antes dejarme saber con un «te amo» cuánto le dolía, aunque también comprendía mis decisiones. Esto me ha dolido como nada. A veces lo acepto y me digo que fue lo correcto —porque lo fue—, pero luego llegan olas de desesperación y lágrimas, el deseo de verlo, de abrazarlo, de besarlo, de salir de aquí y correr hacia él. Sin embargo, me detengo: «esto es lo correcto», me repito. Es lo que mi conciencia dicta que debe suceder y cómo debe suceder. Es irónico que ahora, después de trece años o más, vuelva a sentir este amor por alguien y no pueda ejercerlo. Me quedé con todo este sentimiento en las manos. ¿A dónde lo llevaré? ¿Cómo lo enfocaré para honrar lo que sentí por ese niño que le dio la vuelta a mi mundo? Siento que lo perdí y que tal vez nunca lo vuelva a ver. No lo sé; en este estado emocional todo se percibe en términos extremos de eternidad y absolutos. Lo extraño demasiado.
Aquí, en esta casa, las conversaciones son continuas. Sebas intenta resarcir el daño; lo entiendo y trato de valorar sus esfuerzos, pero ya no puedo creer en esos cambios. Aun cuando sean reales, siento que mi corazón ya se ha ido de aquí, que de alguna manera yo ya hice un cierre en esta relación. Aunque no quiero tomar decisiones apresuradas dadas mis condiciones emocionales, no logro sacarme de la cabeza la idea de empezar de cero, volver a estar solo y encontrarme con Dios desde mi nueva realidad. No sé si encontraré lo que realmente me satisfaga; puede que no halle la felicidad completa en este mundo de dolor. Estamos tan cerca del final que no sé si volveré a encontrar un amor así. Tampoco pienso salir corriendo tras Santi, porque sé que en unos meses, cuando todo esto termine, ya no encontraré al chico que dejé; posiblemente habrá encontrado otro amor, y se lo merece. Merece al hombre de sus sueños que lo haga feliz.
En este momento, olas de ansiedad y una necesidad extrema de escribirle me inundan, pero sé que no debo hacerlo. Me contengo para evitar a toda costa reiniciar el ciclo de dolor, pues no puedo darle la relación que él desea tener, no hasta que todo esto termine, y para eso aún faltan meses. Así que ni siquiera guardo la esperanza de volver a estar juntos. Para mí, él fue el catalizador que me recordó lo que era amar y ser amado, pero sigo sintiendo que el amor no es para mí. Las miles de líneas en este diario me recuerdan el fracaso que ha sido mi historia tras historia; todas las veces que lo intenté hasta drenarme para sostener la ilusión de un hogar que nunca funcionó y con el que terminé de agotarme.
Y luego, sin pedirlo, sin necesitarlo y sin buscarlo, aparece por fin alguien con quien me sentía libre de amar y correspondido, y la vida me dice: «No, no es para ti. Déjalo ir. Te enamoraste, pero no vas a poder disfrutar de ese amor; ahora tienes que abandonarlo, cerrar la puerta, perderlo y sobrellevar el vacío». No puedo ver con claridad. Siento que mis oraciones no pasan del techo y lo sé, no quiero pecar murmurando contra mi Creador, pero todo esto me duele y me lastima profundamente. Soy consciente de que no fue correcto; abrí la puerta sin calcular las consecuencias, pero sigo preguntándome: ¿Por qué? ¿Por qué tenía que aparecer justo en este momento? ¿Por qué no después, cuando estuviera solo? ¿Por qué cuando no lo puedo amar y tengo que dejarlo ir así, quedándome con el corazón roto, el desasosiego y la desesperanza?
Siento que mi historia con Sebas terminó; tengo que enfrentar esa verdad. No me veo en un futuro con él. No siento resentimiento ni rabia, siento paz en mi mente. Durante once años luché con todo para sostener este hogar, pero ya no me quedan fuerzas. La psicóloga de la terapia de pareja todavía me pregunta si estoy dispuesto a hacer cosas para recuperar el matrimonio, pero ¿dispuesto a qué? ¿Por qué tengo que seguir entregando? ¿Por qué seguir dando de mí cuando ya lo di todo y no recibí casi nada a cambio? Siento náuseas. Con Santi no tuve que exigir nada; él, desde el primer día, quiso dármelo todo y yo quise darle todo lo que tenía de forma natural, sin forzar nada.
Todavía me siento acorralado, tratando de salvar un matrimonio que murió, que matamos entre los dos. Ya no quiero empezar de nuevo; quiero irme y cerrar este capítulo, aunque eso signifique quedarme solo el resto de mi vida. No sé si son mis emociones las que hablan; me siento triste, desesperanzado, atrapado y atado a una realidad que ya dejé atrás. Lamento el dolor que esto le causa a Sebas, pero tendrá que aceptarlo en algún momento. No sé si haya algo que salvar, pero ya no tengo la voluntad. Pagué un costo muy alto al cerrarle la puerta a Santiago porque me lo pidió Sebas, por honrar nuestro compromiso, por respeto a mis palabras al firmar ese contrato y por este vínculo. Quise cerrar de la mejor manera porque no puedo llevar una doble vida ni gestionar las emociones de Sebas y Santi al mismo tiempo que resuelvo mi existencia. Me siento frustrado y dolido: sigo sacrificando mi felicidad por la tranquilidad de Sebas. Aquí estoy, con el corazón roto mientras él duerme tranquilo, permaneciendo en este lugar en vez de correr a abrazar a mi Santi para decirle que también lo amo.
Todo es confuso. No sé dónde terminará esto. No puedo respirar ni me siento feliz con nada. Renuncié una vez más al amor por hacer lo correcto, a un costo altísimo. Lo más seguro es que termine solo y amargado, como escribí en este blog: un cincuentón solitario con una mascota, viviendo de los recuerdos de amores perdidos. ¿Acaso es ese mi destino? Me falta la fe, me lleno de desesperanza. Lloro, no veo la luz y me duele, me duele mucho todo esto.
domingo, 22 de febrero de 2026
17 días despues del evento canónico - El costo de la integridad
Hoy mi esposo amaneció transformado. De repente, expresa sus emociones, está cariñoso, presente, y con una iniciativa de intimidad que no vi en años. Y, para ser honesto, es profundamente frustrante. Lo que duele no es el "ahora sí", sino el mensaje oculto: sí podía, pero no quiso hasta que le convino, hasta que su ego se vio amenazado por la existencia de alguien más.
Me niego a dejarme embaucar por un rebranding de 24 horas. El amor maduro no aparece solo cuando hay competencia en el mercado; eso es pánico, dopamina y control reactivo. No soy un producto en una vitrina ni voy a caer en una estrategia de retención de clientes. Un buen día no corrige once años de patrón, y mi decisión de terminar esta dinámica desgastada se mantiene firme. Ceder ahora por un pico emocional sería traicionarme a mí mismo y reiniciar un ciclo que ya es un cadáver.
El Corte Operativo: Adiós, Santi
Ayer envié el video de despedida. Pedí perdón, cerré la puerta y lo bloqueé. Fue una de las cosas más difíciles que he hecho, especialmente después de nuestra última conversación. Leer sus mensajes reclamando mi silencio, proyectando abandonos y exigiendo respuestas inmediatas fue la confirmación empírica de lo que mi mente ya sabía: nuestra dinámica era completamente insostenible.
Su apego ansioso y mi necesidad de espacio eran una bomba de tiempo. Cortar no fue un acto de crueldad, fue higiene emocional para ambos. Si dejaba la puerta entreabierta, lo único que iba a lograr era entrenarlo para insistir y meternos en un bucle interminable.
"Te amé. Por eso cerré. Y lo dejo en manos de Dios."
Esa es la verdad. Mi sentimiento por Santiago fue real, me despertó de años de anestesia y me devolvió a la vida. Fue un contraste brutal frente a la sequedad de mi matrimonio. Pero que haya sido genuino no significa que fuera sostenible. A veces, el amor más íntegro es el que renuncia al acceso para no seguir destruyendo.
El Síndrome de Abstinencia
Escribir esto duele físicamente. Me siento pasmado, como si me quemara por dentro. Mi sistema nervioso, que estaba en alerta máxima, ha entrado en un estado de congelamiento. Hay tranquilidad porque sé que la decisión tiene lógica y estructura, pero convive con un vacío inmenso.
He escrito cartas en la madrugada que nunca voy a enviar: "Estoy aquí en medio de la noche extrañando tu voz, tu sonrisa cómplice... me duele tener que haber escogido lo correcto sin tener ya la posibilidad de amarte nunca más."
Estoy aprendiendo a no debatir con este dolor. No estoy perdiendo la cabeza, estoy en abstinencia. Extrañar la dopamina, el espejo y la validación que me daba Santi no es una señal para revertir mi decisión; es simplemente el costo de haber sentido algo profundo. No voy a usar mi cuerpo para mentirme ni voy a anestesiar este duelo intentando forzar intimidad con mi esposo.
"Tú eres ese hombre" (El Marco Espiritual)
He pensado mucho en 2 Samuel 12. Como David frente a Natán, se me acabaron las narrativas y las excusas. No puedo seguir operando en compartimentos estancos: un matrimonio por deber y un escape que me da oxígeno. Esa división me estaba rompiendo.
Mi meta hoy no es salir ganando ni aplicar una penitencia neurótica para pagar mis culpas. Mi meta es la gobernanza personal y el carácter cristiano en la práctica:
Verdad sin crueldad: Hablar claro sin usar la honestidad como un arma.
Compasión sin acceso: Desearle el bien a Santiago, pero mantener la regla de los 30 días de contacto cero. Si me busca por otros canales, la respuesta ya está parametrizada: "No voy a retomar contacto. Te deseo bien. Respeta mi decisión."
Límites claros: Convivencia respetuosa en casa, conversaciones netamente logísticas y cero "scope creep" emocional con mi esposo.
Hoy no elegí el camino fácil. Elegí dejar de maquillar la realidad. El vacío está ahí, pero por primera vez en mucho tiempo, también está la coherencia. Esta vez voy a hacer las cosas como núnca las he hecho, enfrentar el vacío y escoger la soledad, no quiero llenar un vacío con alguien más, escojo amarme y permanecer integro, Amo a Santiago el sentimiento es genuino pero no significa destino, puede que haya sido el catalizador para tomar decisiones que me permitan crecer como persona, hoy no voy a tomar decisiones pero entiendo que la salida no es otra persona, la salida es mi propia coherencia, mi paz interior y responder a la pregunta: ¿Qué me hace realmente feliz? Pero sobretod ¿Que versión de mi vida honra y sirve mejor a Dios?
Te amo Santi, es el sentimiento que estoy sintiendo en este momento, me duele mucho no poder estar contigo pero me quedo con la tranquilidad que actúe de forma correcta aun cuando eso signifique que me olvides y te pierda para siempre.
sábado, 21 de febrero de 2026
16 días después del evento Canónico - Profundo dolor
19 dias después del evento Canónico - pensamientos
Hola mi bonito, te escrito estas líneas para ver si así logro ir procesando lo mucho que te extraño y lo mucho que me ha dolido tu ausencia,...
-
He estado repasando las lineas que he escrito los ultimos años desde que comence a registrar en parte todo lo que ha sucedido, creo que he ...
-
Escribote estas lineas a la forma antigua dejando registro de aquel fausto día en el que entraste a mi vida y luego, sin mas en este jueg...
-
No se si en verdad te escribo a ti, o a la soledad, a la tristeza o al recuerdo del dolor que tu presencia dejo en mi vida, no te extraño a...