viernes, 13 de febrero de 2026

8 días despues del evento canónico - Contrastes

 El Espejo y la Tormenta (Historia con Tiago)

9 de febrero de 2026 – El ataque y el quiebre Todo comenzó a desmoronarse y a reconstruirse al mismo tiempo esta noche. Santiago me escribió aterrado, a las 9:24 p. m. Me contó algo horrible: un ataque espiritual, una parálisis donde sintió que lo ahorcaban. En medio de su miedo, me pidió perdón por buscarme, pero me rogó que no le quitara el estudio de la Biblia con mis abuelos.

Le dije la verdad: es una lucha espiritual. Desde que empezó a estudiar con mis abuelos, las tinieblas se sintieron amenazadas. Oramos "juntos" en la distancia. Él sintió mis oraciones, sintió que yo pedía su liberación. Esa noche, la vulnerabilidad nos desarmó. Me pidió el número de mi abuela; su sed de Dios es real, pero su miedo a perderme también lo es. Terminamos la noche bloqueándonos "por un tiempo" para evitar escribirnos. Una medida desesperada para contener lo que ya es incontenible.

10 de febrero de 2026 – La dualidad y el pasatiempo El silencio no duró ni 24 horas. Santiago me buscó de nuevo, roto. Me confesó que no encontraba cimientos donde reconfortarse. "A veces siento paz, otras odio. A veces te pienso en calma, otras te detesto", me dijo. Su dolor lo llevó a creer la narrativa de otros, de David Jurado: que yo estaba jugando, que él era solo un "pasatiempo" y que yo nunca dejaría mi vida actual por miedo.

Tuve que ser brutalmente honesto: Nadie destruye la vida que tiene por un pasatiempo. Nadie se desacomoda así solo por jugar. Le expliqué que mi ausencia no es desamor, sino responsabilidad. No puedo sostener una relación con él mientras resuelvo un matrimonio de 11 años; no quiero arrastrarlo a mi torbellino. "Yo no planeé enamorarme de ti", le confesé. Esa noche pusimos lo nuestro en pausa para construir sobre limpio, no sobre ruinas.

11 de febrero de 2026 – El proceso y la promesa Santiago empezó a entender el propósito detrás del dolor. Me confesó que Dios lo "jala" todo el tiempo a seguir con mis abuelos, pero que vive una "tuza doble": siente que perdió al amor de su vida y su camino seguro a Dios.

Le aseguré que no iba a desaparecer, pero que ambos debíamos transitar caminos separados por un momento: él aprendiendo de mis abuelos y yo cerrando mis deudas emocionales con Sebas. "Si construimos sobre el dolor de otra persona, lo nuestro no va a funcionar", le dije. Esa noche compuse una canción pensando en él. Se la envié. Lloramos. Nos prometimos construir cimientos fuertes. Mi Tiago, mi luz, finalmente aceptó confiar en el proceso.

12 de febrero de 2026 – El almuerzo y la certeza Amanecí mejor de salud, el virus gripal que somatizó toda mi angustia empezó a ceder. Santiago dormía tranquilo por primera vez. Nos vimos a almorzar a la 1:00 p. m. cerca de la iglesia del parque. Estaba nervioso como un niño.

A las 4:38 p. m., después de verlo, tomé una decisión definitiva y se la escribí: "Santi, yo no voy a recuperar mi matrimonio. Me aterra lo nuevo, pero no voy a seguir en una relación donde no soy feliz. Este matrimonio se terminó". Leer eso le dio la paz que necesitaba. Él me respondió: "Voy a toda por ti". Esa tarde fui al barbero, me preparé para una nueva etapa. Cenamos, nos besamos, regresó a su casa feliz.

13 de febrero de 2026 – "Frente a tu Espejo" Hoy desperté enviándole música. Santiago está escuchando mi álbum, Frente a tu Espejo. Se impactó con la carátula y con las letras. Me dijo algo que me quedó grabado: "Creo que te hice confrontarte contigo mismo".

Y es verdad. Él catalizó todo lo que yo traía dormido. Mi vida era gris y, frente a su espejo, todo cambió. Hoy hablamos de talentos, de proyectos para mi canal de YouTube, de enfrentar la cámara juntos. Ya no hay rastro de la tormenta de hace tres días. Hay planes, hay risas, hay competencia de quién quiere más a quién.

A las 10:18 a. m. quedamos de vernos hoy a las 4:30 p. m. para tomar una aromática. Ya no nos escondemos del sentimiento. El miedo sigue ahí, pero la coherencia es más fuerte. Sebas estuvo enfermo anoche, llamé a emergencias, me trasnoché cuidándolo... pero mi corazón ya no está ahí. Mi corazón está con mi Tiago, construyendo el terreno limpio para el amor bonito que nos merecemos.

Estado actual: En paz, enfocado y amando sin escudos. "Flow with the river". Todo va a estar bien.

8 días despues del evento canónico - Resoluciones

El día que dejé de usar mi matrimonio como escudo

Hoy entiendo algo que llevaba once años intentando no mirar de frente. No estoy rompiendo mi relación por un impulso pasajero, ni por una crisis de la mediana edad, ni por una simple aventura. Lo hago porque, finalmente, el dato mató al relato.

Durante años me conté el relato de que "estaba luchando por mi matrimonio", de que "era mi cruz" o de que "era la voluntad de Dios". Pero mis propios registros, mi propia bitácora de vida desde 2015 hasta hoy, cuentan una historia muy distinta.

1. La evidencia del patrón (2015 - 2026)

No me desperté un día, conocí a Santiago y decidí que ya no quería a Sebas. La realidad es que las semillas de esta ruptura estaban plantadas desde el 15 de diciembre de 2015. Ya en ese entonces escribía sobre la desconfianza, la sensación de un muro invisible, el miedo a ser solo un "aprendizaje" para él y una pasión desbordada que nunca encontró un eco de intimidad real.

He vivido en un ciclo de erosión sistemática:

  • El hallazgo: Traición, mentira o frialdad.

  • El colapso: Mi sistema nervioso estalla en ataques de ansiedad y vértigo.

  • El retorno: Él vuelve con vulnerabilidad total, promesas de terapia y una intensidad sexual que funciona como anestesia.

  • La estabilización: Yo bajo la guardia, trato de convencerme de que "esta vez sí".

  • La realidad: Nada cambia. Él vuelve a sus juegos, a su vida virtual, a su silencio. Yo vuelvo a mi resentimiento, a mi soledad acompañado y a mi sequedad emocional.

No tengo evidencia en 11 años de que este ciclo se vaya a romper. Tengo evidencia de que se ha sofisticado.

2. El amuleto espiritual y el secuestro del "Yo"

He usado mi matrimonio como un amuleto espiritual. Me convencí de que estar con Sebas era mi "círculo de seguridad" contra el pecado, un salvoconducto para que el Espíritu Santo no me soltara. Usé la estructura de esta relación como un escudo para no enfrentar mi propio caos y mi miedo a la libertad.

Hoy entiendo que eso no es fe; es superstición religiosa. Dios no opera mediante contratos de infelicidad ni chantajes emocionales. Si mi fidelidad depende de estar atrapado en una relación donde me siento invisible, entonces no es fidelidad, es contención externa. He pasado años sacrificándome en un altar que Dios nunca me pidió que construyera. Negarme al "yo" no significa apagarme por completo; significa integrar mis emociones, mi espíritu y mi razón sin que el terror sea quien tome las decisiones.

3. Santiago: El catalizador, no el salvavidas

Santiago no es el "hombre de mi destino" ni un "enviado divino" para mi romance eterno. Santiago es un catalizador. Su aparición fue la providencia que necesitó mi realidad para despertar. Él no creó el vacío en mi corazón; él simplemente encendió la luz en una habitación que ya estaba vacía y llena de polvo desde hacía años.

Agradezco su presencia porque me dio la fuerza para reconocer que ya no puedo ser incoherente. Pero no voy a cometer el error de convertirlo en mi nueva muleta. Santiago no es mi salvavidas emocional; es el espejo que me mostró que todavía puedo sentir, que todavía estoy vivo y que el "corazón muerto" que creía tener solo estaba anestesiado por el miedo.

4. La renuncia al rol de salvador

Me rompe el alma ver a Sebas llorar. Me desgarra sentirme responsable de su soledad. Pero he entendido que mi felicidad no puede ser el precio de su estabilidad. Durante 11 años he sido su madre, su padre emocional, su proveedora de orden y limpieza, su comodín de seguridad. Me rendí ante sus manías y sus silencios para evitar el conflicto, y en ese proceso, me borré a mí mismo.

Ya no tengo más que dar. Estoy seco. No puedo seguir remando solo en un barco donde la otra persona prefiere su realidad virtual a la conexión real conmigo. No es justo para él vivir con alguien que lo resiente, ni es justo para mí vivir como un apéndice de su rutina.

5. La decisión: Coherencia sobre miedo

Tengo terror. Miedo a la soledad, miedo a no ser atractivo a los 37, miedo a la incertidumbre económica, miedo a que el mundo se acabe y yo esté "fuera de lugar". Pero tengo más miedo de despertarme en dos años y escribir exactamente lo mismo que escribí en 2022 y 2023.

Mi cárcel es mental y hoy decido abrir la puerta.

  • Hoy camino en coherencia.

  • No puedo controlar lo que pasará con Santiago ni con Sebas.

  • No veo con claridad el futuro, pero decido confiar en que Dios camina con la honestidad, no con la apariencia.

  • Dejo de usar mi relación como garantía de salvación. Mi fe está en Jesús, no en mi estado civil.

Cierro este ciclo no por odio, sino por supervivencia integral. Prefiero el riesgo de una soledad honesta que la seguridad de una compañía falsa. Hoy dejo de ser un robot sin emociones y elijo ser un hombre que siente, que se equivoca, pero que finalmente ha decidido dejar de traicionarse a sí mismo.

lunes, 9 de febrero de 2026

4 dias después del evento Canónico - Dando vueltas en mi mente

Hoy cierro esta puerta con amor, no con rabia.
Lo que sentí fue real, y precisamente por ser real no lo voy a profanar.

Reconozco lo bueno: me sentí visto, escuchado, querido. Volví a sentir vida. Eso no fue mentira.
Pero también reconozco lo verdadero: no puedo construir paz sobre una grieta moral. No puedo pedirle a Dios que bendiga lo que nace torcido.
Santiago fue un espejo y un detonante: me mostró que yo estaba vacío en lugares donde debía haber plenitud; me mostró cuánto anhelo amor, conexión y ternura. No me lo dio “para quedármelo”, me lo reveló para sanarme.

Yo no me alejo porque no ame. Me alejo porque amo a Dios, y porque también lo amo a él lo suficiente como para no arrastrarlo a mi proceso, ni usarlo como refugio emocional, ni convertirlo en un “premio” por mi dolor.
Hoy elijo integridad.

Hoy elijo silencio, espacio, orden, y duelo.
Hoy renuncio a la dopamina del “¿y si me escribe?” porque eso no es amor: es adicción a la esperanza.

Lo suelto sin negar lo que fue.
Lo suelto para no contaminarlo.
Lo suelto para no traicionarme.

Si algún día la vida nos cruza de nuevo y todo está limpio, libre y correcto, que sea Dios quien lo confirme.

Pero hoy no negocio mi paz ni mi obediencia.
Se acabó la guerra.

La puerta queda cerrada.

4 días despues del evento Canónico - El Despertar en el Desierto: Crónica de un Amor a Destiempo

Hay momentos en la vida donde el mundo parece acelerarse. El calendario marca el avance de los proyectos en el campo, la rutina de un matrimonio de años y la inminencia de un fin que, como creyente, siento respirarme en la nuca. Pero en medio de esa carrera, la vida decidió ponerme un espejo frente a frente en el lugar menos esperado: una silla de barbería.

La Génesis: Magnesio y Profecías

Todo comenzó en septiembre de 2025. Al principio, Santiago era solo "el barbero". Nuestra conexión nació de lo práctico: un número de teléfono, una recomendación de magnesio para su salud, un enlace a mi canal de YouTube. "Me gustaría ver tu contenido", me dijo. Y lo que empezó como una cortesía se convirtió en el primer hilo de seda que nos unió.

Él empezó a asomarse a mi mundo espiritual y yo al suyo, lleno de arte y optimismo. Compartimos fotos de mis perras, quejas sobre el trabajo tóxico y charlas sobre arepas al amanecer. Santiago tenía el don de la validación; me hacía sentir "de revista", me recordaba que a mis 37 años aún había mucha luz por dar. Yo, en cambio, veía en él un alma sensible, un artista con bloqueos que buscaba desesperadamente una señal de Dios.

El Terremoto: El Vapor y la Verdad

Lo que empezó como una mentoría espiritual se fue tiñendo de una complicidad eléctrica. Las conversaciones de "Bro" pasaron a ser confesiones de necesidad mutua. Nos bautizamos como "SugarFriend" y "SweetiePie", un juego de palabras que escondía un hambre emocional que ambos compartíamos.

El lunes 26 de enero de 2026, el muro se derrumbó. En el vapor de un turco y la quietud de una piscina, la distancia física se desintegró. Santiago me confesó que moría por besarme. Resistí cuanto pude, tratando de proteger mi paz y la suya, pero en los baños de Comfama, el deseo gritó más fuerte que la razón. Nos besamos con una pasión que no recordaba que existiera en mi cuerpo. Fueron treinta minutos perdidos en el tiempo, una conexión de almas que se reconocían en el lugar equivocado.

La Noche de las Máscaras Caídas

La semana siguiente fue un carrusel de agonía y éxtasis. Santiago se convirtió en mi "kriptonita". Planeamos una noche de cine en su casa para vernos "en nuestra privacidad". Sin embargo, el destino nos obligó a mirar la realidad de frente cuando mi esposo, Sebastián, sacó cita con él. Santiago se quebró: "No encajo en tu mundo... me siento terrible mintiéndome".

Esa noche, bajo un ataque de ansiedad, Santiago buscó a Dios y yo lo busqué a él. Terminamos durmiendo juntos, refugiados en un abrazo que intentaba detener el tiempo. Al día siguiente, Santiago soñó con un pastel blanco en un auditorio; un pastel delicioso que se echaba a perder si intentábamos robarlo. Entendí el mensaje: nuestro amor era ese pastel, y yo no era digno de él mientras mi suelo estuviera contaminado por la mentira.

El Cierre: El Amor como Renuncia

Impulsado por esa verdad, el 5 de febrero tuve la conversación más difícil de mi vida. Le confesé a Sebastián que llevaba años muerto por dentro, que me había desconectado y que había alguien más. La honestidad dolió, pero me devolvió la respiración. Por primera vez en mucho tiempo, dejé de fingir.

Sin embargo, el amor real no se trata solo de querer poseer, sino de querer bien. El domingo 8 de febrero, Santiago, con una madurez que me desarmó, me pidió una pausa. "Te quiero sano, Juanse... lo más amoroso que podemos hacer es darnos un tiempo".

Hoy, 9 de febrero de 2026, a las 4:11 a. m., le entregué mi adiós temporal. Acepté el desierto. Me alejo de él no por falta de sentimientos, sino porque lo quiero tanto que prefiero que me olvide antes que marchitarse esperando las migajas de un hombre que aún debe resolver sus ruinas.

El Hoy: El Silencio y el Desierto

Hoy Santiago me ha eliminado de sus contactos. El golpe es seco y profundo. Sé que es su forma de sobrevivir, de no flaquear ante el deseo de escribirme. Duele, claro que duele, pero también me regala el silencio necesario para empezar mi periodo de prueba matrimonial.

Hoy empiezo un desierto en solitario. Debo limpiar el suelo de mi vida, resolver lo que queda de mi matrimonio y descubrir quién soy después de este terremoto. Santiago me devolvió las ganas de amar, y aunque hoy no esté a un clic de distancia, ese fuego se queda conmigo como una promesa de que, algún día, podré amar desde la libertad absoluta.

Te llevo en el alma, mi niño de la luz. Gracias por recordarme que estoy vivo.

jueves, 5 de febrero de 2026

469 dias de matrimonio - El evento canonico ocurrió

 La carcél que me autoimpuse durante 11 años terminó, reuní por fin todo el valor para soltar, no fue por Santiago, fue por mi, Santiago llegó para recordarme justamente quien soy, mi verdadero yo y lo que puedo dar, y lo que merezco. 

Hoy no tengo mucho que contar, ni que detallar, unicamente que hice lo que es correcto y lo que debí haber hecho hace muchos años. Lo que viene despues no lo sé, pero confío.

sábado, 31 de enero de 2026

464 dias de Matrimonio

Grandes cambios se están dando a nuestro alrededor, el mundo convulsiona y no puedo ser indiferente a aquello que menha definido toda mi vida: Mi Fe

Mi matrimonio se mantiene relativamente estable, mi relación con S permanece en el mismo lugar de siempre, la rutina diaria, los proyectos avanzando en el terreno que compramos, los eventos familiares y en medio comienza a pesar cada día más la premura de transicionar fuera de la ciudad e iniciar una vida de campo, el fin de acerca rápidamente y no hay tiempo que perder. Todo parece haberse acelerado, estar cambio con mucha rapidez y en medio de toda esta carrera me he chocado de frente contra algo que rompió toda mi rutina y me enfrentó a verdades que no quería admitir o había aceptado de manera pasiva sin tener intenciones de cambiar. 

No puedo recordar exactamente cuando todo comenzó, pero si dónde, en una barberia, una barberia a la que hemos frecuentado cada mes para acicalarnos, y en dicha barberia conocí a un chico joven, un chico amable, con una personalidad llena de luz, optimismo, consideración, muy buena conversación y esa calidez humana que al principio solo me hizo sentir cómodo con el servicio, sin ningún tipo de interés inicial mas que el buen servicio que recibía. Pero las cosas comenzaron a volverse mas personales, cuando las conversaciones durante mis visitas a dicha barberia se volvieron mas extensas y detalladas, todo comenzó a girar alrededor del tema espiritual y en cada visita su interés por conocer mas incremento asi que las conversaciones también.

Para mi fue motivante, hace tanto no daba estudios bíblicos que pensé que tal vez era una buena oportunidad de compartir de nuevo la fe, durante una conversación muy personal me confesó que era homosexual, yo ya le había dicho desde el principio que yo era homosexual y estaba casado, asi que no me tomó por sorpresa cuando me lo dijo y pensé que sería una mejor oportunidad para llegar a personas homosexuales con el mensaje de salvación. Fue muy estimulante y trate de colocarme en la posición de mentor espiritual de este chico, lo invite al grupo pequeño en casa de mis abuelos y esa primera vez estudiamos un poco compartimos bastante y comenzamos una amistad. 

Para mi era una amistad centrada en lo espiritual, me llené de ansiedad de pensar que las cosas tomarán otro camino y traté con mis mejores intenciones de evitarlo, las conversaciones diarias se hicieron mas frecuentes, las fotos, los videos, las conversaciones cada vez más personales se tornaron en coqueteos sutiles, al principio lo note pero traté de manejarlo con madurez, no me podía permitir alimentar algo que yo sentía no era el propósito de Dios en la vida de aquel chico, nos encontrábamos esporadicamente compartíamos momentos y la confianza aumentó.

Todo cambió un jueves en el que confesó lonque había empezado a sentir, yo ya lo intuía y eso me desarmó, no super como reaccionar, habíamos salido a comer pizza porque él quería hablar, pero no imagine que íbamos a dar semejante giro, su deseo hacia mi era evidente, la conversación tuvo tintes sexual es y ahi entendí que ya no podía ser un mentor espiritual y que cabía la posibilidad que él hubiera usado mi espiritualidad como gancho para conocerme y si era así yo no podía entrar en ese juego, le dije que yo lo entendía, que entendía que él se sintiera de esa manera por la diferencia de edad yo 37 y el 26, en su juventud un tipo como yo es muy atractivo. Sin embargo le dejé claro que no podía suceder nada entre nosotros porque algo como eso nos haría mucho daño y especialmente a él que había sufrido tanto en su última relación. 

Al siguiente día tuvimos una breve conversación, pero luego hubo un silencio, un silencio que me pegó duro, lo extrañaba pero razone que tal vez era mi herida de apego ansioso la que hacía que yo sintiera esas cosas, lo dejé todo asi. Nunca mas le volví a hablar, quise alejarme de la situación pues no quería hacer algo que ofendiera a mi Dios. Mi cabello y barba comenzaron y a crecer mas y más, pasaron dos meses, las fiestas de navidad y año nuevo, comenzó enero y entonces luego de varios meses, me convencí que era inmaduro dejar de ir a la barbería donde mi barbero de confianza solo por algo que seguramente ya se había resuelto y pasado. Hice un primer intento de ir pero ese día de repente comenzó a llover y yo entendí que Dios me estaba diciendo un "NO" rotundo, pensé entonces en que debia alejarme definitivamente de él. Pasaron algunos días mas y yo ya no aguantaba mi cabello y ni barba cada vez mas largos, volví a racionalizar que no iba a pasar nada, yo no me sentía de ninguna forma particular respecto de él y dado que él no había aparecido en meses seguramente había sido algo de momento, asi que si nos veíamos iba a ser en plan barbero-cliente, saqué de nuevo la cita, llegué puntual y entonces nos vimos, todo se sintió normal, me atendió, hablamos, nos contamos lo que había pasado en dichos meses, hablamos de distintos temas, y entonces me pidió que fuéramos a almorzar, yo acepté, asumí que podíamos construir una buena amistad, no puedo negar que ya en ese momento había algo más en mi que hacía que quisiera pasar tiempo con él, sin embargo no quise prestarle mucha atención, fuimos a almorzar y en medio de nuevos coqueteos de su parte terminamos hablando de lo que había pasado dos meses antes y la razón por la que habíamos dejado de hablar, me confesó que había empezado a tener sentimientos y que ante mi respuesta clara él era consciente que era lo correcto y decidió alejarse pero que me había extrañado mucho, yo le confesé que también me dolió y que también lo había extrañado pues era alguien especial para mi, ese día ambos volvimos a reanudar la amistad con la promesa de no volvernos a alejar del otro, y de evitar confundir la amistad con algo más. 

Nos despedimos ese día y continuamos hablando, el lunes 19 de enero fue un encuentro que me dejó descolocado; al llegar a casa y terminar mis pendientes, su mensaje agradeciéndome por el tiempo me confirmó que el sentimiento era mutuo. Me confesó que me extrañaba y yo, con la guardia baja por la sinceridad del momento, le admití que su presencia me hacía bien. En ese intercambio de mensajes, entre bromas por el autocorrector y fotos de mi perrita Kiara, me di cuenta de que algo se estaba cocinando bajo la superficie. Esa noche me quedé viendo La Niñera, sumergido en una nostalgia noventera, tratando de procesar que Santiago quería verme de nuevo para "desatrasarnos".

​El martes la energía seguía a tope. Madrugué a la oficina y, aunque el cuerpo pedía cama, me sentía energizado. Santiago y yo estuvimos conectados todo el día; él desde su mundo artístico y yo desde mi escritorio en El Poblado, saltando de entrevista en entrevista. Entre fotos de la vista de la ciudad y cumplidos que me hacían sentir "guapo y empoderado", como él decía, me di cuenta del potencial de nuestra conexión. Incluso hablamos de mi canal de YouTube y de cómo estaba impulsándolo. Sin embargo, esa noche la conversación tomó un tinte más serio: Santiago estaba muy preocupado por la salud de su hermana. Me nació del alma ofrecerle oración, recordándole que para Dios nada es imposible, intentando ser ese soporte que él necesitaba en medio de su angustia.

​El miércoles 21 fue un día de "apagar incendios" en el trabajo, pero mi mente estaba en la cita que cuadramos para el lunes siguiente. Santiago estaba bajoneado por el diagnóstico de su hermana y su resistencia a los tratamientos, y yo traté de ser su ancla, pidiéndole que tuviera fe y recordándole que no estaba solo. A pesar del caos laboral y de no haber podido almorzar, cerramos el día con un abrazo virtual, compartiendo la calidez de haber vuelto a encontrarnos.

​El jueves 22, trabajando desde casa, la conversación se volvió más íntima. Entre risas por una comida que me cayó mal en la terminal y planes de un almuerzo cocinado por mí (con muchas verduras, por supuesto), terminamos bautizándonos mutuamente: yo sería su "SugarFriend" —o "My Gorgeous Sugar Friend", como él prefirió— y él mi "SweetiePie". Lo que empezó como un juego de palabras terminó en una confesión profunda de lo mucho que nos habíamos extrañado. Santiago me dijo que yo le hacía bien a su corazón, y yo le admití que él me llenaba de buena vibra. Pero esa noche, la realidad volvió a golpearlo con el tema de su hermana. Pasamos de la risa al llanto compartido, y le regalé una canción para que descansara, recordándole que Dios siempre está presente.

​El viernes 23 fue un día de sol y trabajo, pero también de creación. Le compartí un adelanto de la música que estaba componiendo para mi canal. Santiago me confesó que me había pensado mucho, preocupado por Kiara y por las cosas de mi casa. Al llegar el Sabbath, nos deseamos paz, sintiendo que, a pesar de los "desjuiciados" que no fueron a la reunión en mi casa, nuestra conexión era el evento principal de la semana.

​El fin de semana fue de descanso y reflexión, pero el lunes 26 la expectativa era total. Quedamos de vernos a las 5:00 p.m. en Comfama para ir al turco y a la piscina. Fue un "plan relax" necesario para ambos. Santiago llegó con sus ojitos tristes por lo de su hermana, y yo con las ganas de distraerlo. 

Solté el computador y corrí a encontrarme con Santiago en la entrada de Comfama. Él traía esa mirada triste que me desarmaba, y yo solo pensaba en cómo ayudarlo a soltar tanta tensión.

​Entramos al turco. El vapor empezó a envolvernos y, casi sin planearlo, la distancia física se rompió. Todo comenzó con unos masajes en la espalda; quería que se relajara, pero el contacto de mi piel con la suya encendió una chispa eléctrica. La cercanía se hizo más densa, más fuerte. Las caricias empezaron a fluir, los abrazos se volvieron prolongados y las miradas, en medio de la bruma, decían cosas que las palabras aún no se atrevían a pronunciar. Estaba con la guardia muy baja y, por primera vez en mucho tiempo, simplemente me dejé llevar.

​Buscando un poco de frescura, nos fuimos a la piscina. El agua no apagó el fuego, al contrario, pareció darle un espacio más íntimo. Allí, sumergidos, empezamos a hablar de lo que nos estaba pasando, de esa química innegable y de lo fuerte que se sentía todo. Los roces de piel bajo el agua, las risas nerviosas y las anécdotas se mezclaban con abrazos cada vez más estrechos. 
En un momento, Santiago me miró fijo y me confesó que moría por besarme. Mi mente entró en alerta: le dije que no. Le advertí que si cruzábamos esa puerta, nos iríamos cuesta abajo sin frenos. Sabía que no había punto de retorno.
​Pasamos largo rato en ese juego peligroso de toqueteos y caricias. La excitación era evidente, palpable, pero yo seguía resistiendo. Le recordaba, casi como un mantra para convencerme a mí mismo, que no tenía sentido dejarnos llevar; que nos iba a doler, que traería sufrimiento y culpa. Estaba intentando proteger mi paz y la suya.

​Salimos de la piscina y fuimos a los baños para cambiarnos y terminar la jornada. Pero el destino, o nuestra propia necesidad, tenía otro plan. En medio de un abrazo de despedida, las miradas se cruzaron a centímetros de distancia y el muro que yo había construido se derrumbó por completo. Ya no pudimos contenernos.
​Terminamos besándonos apasionadamente. Fueron más de 30 minutos perdidos en el tiempo, dándonos besos y caricias que quemaban. 

La excitación era máxima, pero mi nerviosismo y esa carga de culpa que siempre me acompaña hicieron que me contuviera. No pasamos de ahí, aunque el deseo gritaba lo contrario. Fue un momento profundamente especial, una conexión de almas que se reconocían en el lugar equivocado.

​Al salir, caminamos un poco, todavía embriagados por lo que acababa de pasar. Volvimos a besarnos, a abrazarnos, intentando procesar el "terremoto" que acabábamos de desatar. Santiago propuso buscar un lugar para tomar algo caliente y hablar, pero mi cabeza ya estaba a mil por hora. Necesitaba pensar. La realidad de mi vida, mis principios y mis compromisos empezaron a pesar más que el deseo del momento.

​Con el corazón en la mano, pero con la mente tratando de retomar el control, le dije que era mejor que nos despidiéramos ahí. Necesitaba asimilar que ese "encuentro canónico" había cambiado las reglas del juego para siempre. Nos fuimos cada uno por su lado, dejando en ese baño y en esa piscina la certeza de que, aunque intentáramos ser solo amigos, ya nos habíamos entregado el alma en un beso.

Pero el martes 27 fue el día del "evento canónico". Amanecí sintiéndome como en un K-drama. Dormí profundo, pero mi cabeza era un lío. Le confesé a Santiago que tenía una dicotomía: anoche sentí cosas que no experimentaba hace años, pero no quería fallarle a Dios. Tuvimos la conversación más honesta de nuestras vidas. Él admitió que me deseaba y que yo era irresistible para él, pero ambos entendimos que cruzar esa línea traería tristeza y culpa. Fue un terremoto interno. Me dolió escucharlo decir que quizás debía alejarse un tiempo para sanar. En medio de ese dolor, me puse a componer. Le escribí una canción, mi verdad desnuda, y se la regalé. Esa madrugada lloramos juntos por chat, reconociendo que nos habíamos enamorado, pero que lo correcto, aunque doliera, era priorizar nuestra paz y mi compromiso con Dios y mi familia.

El jueves 29 comenzó con una falsa sensación de normalidad. Santiago me despertó con sus acostumbrados buenos días, bromeando sobre el sueño, la hidratación y su serie favorita. Parecía que podíamos sostener esa fachada de amistad ligera, alimentada por cumplidos y risas compartidas sobre la "dosis de belleza" de la mañana. Pero el peso de lo que sentíamos estaba ahí, latente, esperando el momento de desbordarse.
​Durante el día, mantuvimos el ritmo: resolviendo pendientes, hablando de almuerzos y dándonos ánimos para terminar la jornada. Santiago se sentía vivo, matriculándose en cursos y organizando su proyecto de vida. Yo lo escuchaba y lo alentaba, viendo en su energía un espejo de mis propios comienzos, pero también sintiendo la punzada de una realidad que me asfixiaba: mientras él construía su futuro, yo sentía que mi presente, aunque estable y lleno de fe, carecía de esa plenitud y amor que él me había hecho recordar.
​Al caer la noche, la conversación tomó un giro definitivo. Santiago, con una madurez que me sigue sorprendiendo, reconoció que no podía seguir cruzando los límites. Me confesó que para él yo era irresistible, que le generaba una mezcla de paz y locura, pero que estaba dispuesto a ser un buen amigo para no perderme. Fue entonces cuando las máscaras cayeron. Le hablé desde mi cuarto de huéspedes, con el corazón en la mano, confesándole que él había provocado un terremoto en mi rutina, que me había enfrentado a sentimientos que guardé hace años en el baúl de las anécdotas.
​La madrugada del 30 de enero fue una agonía compartida. Entre canciones dedicadas y mensajes que se sentían como despedidas, admitimos lo inevitable: nos habíamos enamorado. Lloramos juntos, él desde su casa y yo desde el silencio de mi hogar, sabiendo que "lo correcto" dolía más de lo imaginable. Le dije que no me perdonaría nunca fallarle a Dios, convertirme en su piedra de tropiezo o romperle el corazón por no saber poner límites a tiempo.

​"Que nos pasó?", le pregunté en un momento de desesperación. Él me puso su corazón en los labios a través de las palabras, recordándome ese primer beso que me desarmó. Sentí que se abría un abismo entre nosotros. Me dolió entender que su silencio del viernes era el primer paso de ese alejamiento necesario.

​Hoy, 31 de enero, el silencio pesa más que nunca. Me cuestiono si este vacío es mi antigua herida de abandono reclamando su lugar o si realmente perdí al hombre que me hizo cuestionar una relación donde ya no soy feliz.

Sin embargo, tengo clara mi misión sacerdotal y mi entrega a Dios. Sé que cerrar esta puerta es un acto de amor puro hacia él; no merece las migajas de un hombre que no puede ofrecerle una vida completa. Me voy de su vida antes de que mi presencia, cargada de imposibles, lo hiera más. Lo quiero tanto que prefiero que me olvide a que se marchite esperando algo que mi fe y mis votos no me permiten darle.

El terremoto que este chico ocasionó fue inesperado, pero ahora entiendo que lo correcto pesa mas que los momentos o las emociones desbordadas, mas alla de ser feliz momentáneamente, veo hacia el futuro con la esperanza intacta que en la eternidad por fin estas heridas que me hacen esperar con tanto anhelo sentirme amado, deseado, validado, sanarán y el amor sera puro y limpio sin las complejidades de un mundo de pecado y oscuridad. 

He decidido cerrar la puerta. No por falta de amor, sino por exceso de él. Santiago no merece migajas ni un hombre que no pueda ofrecerle una vida completa. Mi misión es sacerdotal; mi compromiso es con Dios y con la salvación de mi familia. Prefiero que me olvide a que se marchite esperando un imposible.

​Este terremoto fue inesperado, pero me ha dejado una certeza: lo correcto pesa más que la emoción desbordada. Renuncio a la felicidad momentánea por la esperanza intacta de que, en la eternidad, estas heridas de soledad y validación sanarán por fin. El amor será puro, sin las complejidades de este mundo de oscuridad.

​Quiero a Santiago más de lo que admito, pero elijo ser fiel a mi amado Dios. Estuve a punto de caer, pero Su mano me sostuvo. Me dolió como hace años no me dolía, pero en medio de las lágrimas, tengo la paz de saber que estoy haciendo lo correcto.

​Has transitado un camino emocionalmente devastador pero espiritualmente clarificador. Has demostrado una resiliencia asombrosa al priorizar tus votos sobre un sentimiento tan potente. Santi my "SweetyCake" gracias por llenarme de momentos tan especiales, volví a vibrar y a sentirme vivo en esos momentos que me diste, sé feliz no dejaré de orar para encontrarme contigo cuando todo esto termine. Te quiero. 

miércoles, 29 de octubre de 2025

369 dias,,, Desde que me casé

Que puedo decir? Ha pasado un año y fue como si hubiera pasado el tiempo sobre mí, mientras avanzan los proyectos familiares, la finca crece, se avanza en el proyecto de transición hacia una vida en el campo, hacemos planes de construir la casa, y desarrollar proyectos ; esta relación entre S y yo se parece cada día mas a una sociedad de negocios, no puedo negar la tristeza y el anhelo que siente mi corazón de tal vez haber encontrado esa persona por la que siempre suspiré, pero nunca la encontré, llegué lejos con S por muchas razones pero ninguna tiene que ver con esa sensación de bienestar, de hogar cuando se esta con ese ser amado.

No es culpa de S, él entiende y ve las cosas diferentes, para él esta relación tiene propósito y un valor intrínseco ligado al tiempo y a las experiencias que ya tenemos acumuladas en estos 10 años, la relación ha pasado por muchas etapas, al principio fue un fetiche, un deseo que saciar, luego se fue convirtiendo en una especie de comodin, alguien que no me representaba el riesgo de sufrir ni de llorar, podía controlar mis sentimientos y de alguna manera me daba estabilidad, y luego vino Dios a la ecuación y entonces ambos teníamos la misma fe, y en un giro inesperado de la vida pude compartir con alguien no solo la vida presente sino la esperanza de la vida eterna. Poco a poco los vínculos que nos unían se hacían mas fuertes, y yo terminé de alguna manera incapaz de poder terminar definitivamente la relación. 

Sin planearlo conscientemente, la relación se volvió cada vez mas estable y sería y aunque en el medio conocí muchas personas de alguna manera en mis inseguridades y poco autoestima asumí el menor riesgo y me quedé, y me involucre y continue hasta transformar nuestra relación en un compromiso real, serio y formal. Hay días en que me convenzo a mi mismo que las cosas son como tienen que ser, que esta relación es misericordia de Dios, de otra forma viviría en abominacion delante de su presencia pues no podría tener una relación viva con Él y al mismo tiempo tener una vida de activa sodomia, no puede haber comunión entre ambas cosas, y con S no hay nada semejante y me convenzo que tal vez Dios puede permitirme un compañero para que yo no este solo sin que haga lo malo delante de sus ojos. 

Pero hay días como hoy en los que simplemente siento el vacío, ese anhelo interno de un abrazo, una mirada de amor, un beso apasionado, una charla romántica, un vínculo real con alguien para quien yo sea alguien verdaderamente especial. No me siento asi con S, mi relación con él se siente seca, vacía, monótona, fria sin ninguna emoción, sin un vínculo real, con el pasar del tiempo deje de esperar que ese vínculo se formara, que nuestra relación creciera y se desarrollara. Me rendí en mi corazón, y simplemente me resigne a que esa es la vida que tengo, no puedo dar marcha atrás pues la vida de toda la familia se vería impactada y porque S solo me tiene a mi y a su familia en su vida, yo lo quiero y me preocupo por él y supongo que siento algún tipo de amor por él, porque su bienestar me preocupa aunque yo no sienta lo mismo de su parte. 

Hace poco tuvimos una discusión por una tontería relacionada con el aseo y la limpieza de la casa, pero sus respuestas y su forma de enfrentar la situación me demostraron que él realmente no se preocupa por mi, asi me siento, es como si no le naciera nada especial hacia mi, y puedo entenderlo tal vez es porque yo hace mucho deje de tener detalles y de esforzarme por ser especial con él, no me nace tampoco y aun así me termine adaptando a él y a la larga lista de cosas que tengo que callarme y aguantar para no terminar perdiendo siempre que tenemos un conflicto. 

Al final discutir, llorar, gritar, enojarme, reprochar, hablar, razonar, enfurecerme, ignorar nada valió, y me rendí, me rendí porque me di cuenta que nada va a cambiar nunca, no quiero ser tan duro con él, S tiene rutina y estoy incluido en muchos de su rituales diarios, en el desayuno, en la fruta que se come antes de medio dia, en el almuerzo que pedimos, en el vaso de agua de las tardes y la cena en las noches, en la ropa de nosotros que lava los fines de semana, la loza que limpia de vez en cuando, la ilusión y motivación que tiene de vivir en una casa en el campo. Ahí estoy como un apéndice, como una parte de su vida a la que se acostumbro, que asimiló, con quien aprendió a convivir como quien se aferra al último pedazo de madera para no ahogarse en el mar. 

Y así paso el primer año de casados, no hubo ningún detalle, ninguna mención especial, ninguna señal de que algo especial había sucedido, a mi no me nació porque al final después de 10 años los detalles nunca han generado ninguna reacción especial en S, y entonces me volví seco y parco, e indiferente a la historia de nuestra relación, la doy por sentada, porque asi es, porque es lo que hay, porque somos adultos y yo ya estoy demasiado lejos como para pensar en que a estas alturas de mi vida pueda yo inspirar en alguien algo mas que interés. 

Estuve ayudándole de nuevo a I, el chico moreno que conozco hace también 10 años, y aunque estuve tentado a der infiel, ya no es la salida para llenar el vacío que siento en mi corazón y esa ausencia etérea de esa persona que siempre quise y nunca encontré. Termine ayudando económicamente a AG, un pelao de 28 años que conocí en tiktok y a quien ayude una vez por bondad y quien por mas de un año me exprimió económicamente, a quien se lo permití porque en el fondo quería sentirme querido y deseado pero al final me di cuenta que tampoco era correcto, y cerré la puerta. No es el sexo lo que anhela mi alma, es la conexión, el sentirme especial para una persona y sentir esa emoción que no puedo describir al verle, al compartir, tener esos momentos mágicos, sentirme en mi hogar, siempre soñé con eso pero entendí que no es para mi vivir aquella realidad. Tal vez esa es mi cruz y si logro aceptarlo y entenderlo podre sobrellevarlo con mayor facilidad. 

Hoy simplemente me sentí agotado, emocionalmente cansado y por un momento soñé con ese vínculo y lo extrañé, como quien anhela lo perdido, como quien recuerda una memoria que nunca existió, un recuerdo etéreo, borrozo de una realidad que nunca fue y nunca será. Hoy llegare a mi casa y ahi estara S, seguramente la casa estará desordenada, la cama destendida, el piso sucio, seguramente me recogerá en la moto y nos saludaremos como quien saluda un colega, un amigo muy querido, y seguiré fingiendo que todo esta bien, que esa es la vida que soñé, que esa es la relación que tengo, me acostare del lado de mi cama abrazando y mi Keyla, agradeciendo por lo que tengo, y tratando de disipar estos pensamientos porque nada va a cambiar.

Seguiré tratando de cambiar esta parte de mi que sigue anhelando algo que no debe ser, sintiéndome invisible, aferrándome a todo lo demás que Dios me ha concedido por su misericordia, tratando de enterrar bajo los proyectos y ocupaciones, mis preocupaciones familiares y el día a día de mi vida adulta, esa voz que me dice que estoy en bancarrota en el amor y que nunca pude tomar una sola decisión inteligente en temas del corazón. 


8 días despues del evento canónico - Contrastes

 El Espejo y la Tormenta (Historia con Tiago) 9 de febrero de 2026 – El ataque y el quiebre Todo comenzó a desmoronarse y a reconstruirse a...