martes, 24 de febrero de 2026

19 días despues del evento canonico - Mi Verdad

 Mis miedos, mis narrativas y el nuevo sistema que estoy construyendo

Estoy viendo algo con claridad que antes no podía ver: yo suelo convertir mis vínculos emocionales en destino. Los sobredimensiono. Los vuelvo absolutos. Y cuando los pierdo, no solo pierdo a la persona: pierdo el mundo que mi mente había construido alrededor de esa persona.

Estoy cansado de vivir así.

Esta vez quiero hacerlo diferente. No quiero reducir mis emociones, ni negarlas, ni “ajustarlas” para que se vean bonitas o maduras. Quiero integrarlas. Quiero que mi verdad emocional tenga un lugar real en mi vida sin convertirse en una cadena. Quiero dejar de actuar desde el modo reactivo, ese modo en el que uno solo intenta apagar el dolor, eludir el vacío, evitar la angustia, y termina tomando decisiones para anestesiarse.

Hoy estoy eligiendo algo distinto: sentir el dolor sin convertirlo en dirección. Sentir sin correr. Sentir sin buscar señales. Sentir sin reabrir ciclos.

1) Mis miedos internos: lo que realmente me mueve

Tengo miedo de no volver a amar.
Este miedo aparece como una sentencia: “no voy a volver a sentir algo así”, “esto era único”, “ya se acabó mi oportunidad”. Y es un miedo comprensible, porque en mi historia no me enamoro cada semana. En mi caso, pasar años sin sentir ese tipo de amor ha sido real. Por eso cuando mi corazón despierta, la pérdida se siente como si se apagara la única luz del mundo.

Pero ya entendí algo: que algo se sienta único no significa que sea destino. Significa que tocó un lugar profundo. Y tocar lo profundo duele cuando se va. Mi tarea no es pelear con ese miedo; mi tarea es no obedecerlo.

Tengo miedo al abandono.
No solo al abandono real, sino al abandono emocional: no saber si el otro me piensa, si me extraña, si me olvidó, si ya está con alguien más. Mi mente busca confirmación, como si la confirmación me diera oxígeno. He visto cómo ese deseo de confirmación puede volverse un motor de recaída: escribir, buscar, revisar, stalkear, “solo para saber”. Y ya entendí que eso no es amor: eso es un sistema nervioso pidiendo una dosis para calmarse.

Tengo miedo a la soledad.
Yo sé que hay un punto donde la soledad se vuelve un monstruo en la imaginación: “vas a terminar solo, viejo, amargado, con una mascota, viviendo de recuerdos”. Esa película aparece especialmente de noche, cuando todo está oscuro y uno se encuentra consigo mismo. Pero ya no quiero vivir tomando decisiones para evitar esa película. No quiero volver a quedarme en lugares que no son hogar solo porque me aterra estar solo.

Tengo miedo de fracasar espiritualmente.
Durante años convertí ciertos vínculos en amuletos de salvación. Como si estar en una relación “correcta” garantizara que todo estaba bien con Dios. Y cuando el vínculo se agrieta, aparece el pánico: “si salgo de aquí, me pierdo”. Ese pánico no me vuelve santo; me vuelve esclavo. Hoy estoy aprendiendo que Dios no es un verdugo de ansiedad. Dios no me pide que me apague para ser fiel. Me pide coherencia y verdad.

Tengo miedo de ser débil.
Yo he vivido mucho tiempo desde un rol: el fuerte, el que sostiene, el que salva, el que guía, el que protege. Pero debajo de ese rol hay un niño asustado que no quiere sentirse vulnerable. Y cuando por fin me enamoro y soy vulnerable, ese niño grita, exige certezas, busca estabilidad inmediata, quiere controlar el resultado. Ese rol del “héroe sacrificado” me ha destruido por dentro. Hoy quiero amar sin ser salvador, y quiero estar con alguien sin convertirlo en salvavidas.

2) Mis narrativas automáticas: las frases que me secuestran

He identificado las frases que mi mente usa como hipnosis emocional:

  • “Si fue amor real, tenía que terminar bien.”

  • “Si duele así, era mi única oportunidad.”

  • “Si sufro lo suficiente, Dios me recompensará.”

  • “Si me separo, entonces todo se arregla y podré estar con él.”

  • “Necesito una señal para estar en paz.”

  • “Si no lo busco, lo pierdo para siempre.”

Estas narrativas suenan profundas, pero son trampas. Son mecanismos de control. Son intentos de mi mente de comprar estabilidad con fantasía.

Y aquí está lo más difícil: yo puedo sentir amor real y aun así estar atrapado en narrativas falsas. Las narrativas no prueban nada. Solo muestran el estado del sistema nervioso.

3) El cambio que estoy haciendo: mi nuevo sistema

No quiero seguir viviendo en absolutos. No quiero que mis emociones escriban mi destino.

Mi nuevo sistema se basa en algo simple: significado no es destino.

Lo que viví con Santiago fue significativo. Me despertó. Me devolvió la evidencia de que mi corazón sí puede amar. Pero eso no significa que era un contrato con el futuro. No significa que si me divorcio, la vida me va a premiar con él. Esa fantasía es una forma elegante de anestesia. Y yo ya no quiero anestesia.

Por eso hoy sostengo estas verdades al mismo tiempo:

Verdad emocional: lo extraño, lo amé, me duele, mi corazón lo llora.
Verdad objetiva: lo cerré, lo bloqueé, me despedí, y eso es un hecho real.
Verdad de decisión: no voy a reabrir el vínculo. No voy a construir sobre ruinas. No voy a vivir dividido.

La integración es esto: sentir sin actuar. No negar la ola, pero no obedecerla.

4) Resignificar a Santiago sin convertirlo en destino

No quiero mentirme.

Santiago fue real para mí. Fue un catalizador. Fue un espejo. Fue un recordatorio brutal de lo que es sentir conexión, ternura, presencia, reciprocidad. Me mostró el tipo de vínculo que yo anhelo: uno donde no tengo que exigir amor, donde el amor nace y fluye, donde no hay frialdad ni rutina seca.

Pero hoy resignifico esto así:

Santiago no fue “mi oportunidad”.
Santiago fue la evidencia de que yo estaba vivo por dentro.

Y si lo suelto, no estoy negando lo que sentí. Estoy honrándolo. Porque mi amor por él no necesita poseerlo para haber sido verdadero. Lo que sentimos existió. Y eso basta para integrarlo.

No voy a usar a Santiago como excusa para escapar. No voy a usar a Sebas como anestesia para no sentir. No voy a usar a Dios como amenaza para quedarme en una vida muerta. Quiero un corazón íntegro, sin doble vida.

5) Mis nuevas reglas personales (para no recaer)

  • No busco señales. No hago stalking. No reabro canales.

  • Cuando la ansiedad pida confirmación, no la alimento: la regulo.

  • Cuando mi mente diga “único e irrepetible”, recuerdo: eso es el duelo hablando en absolutos.

  • No tomo decisiones grandes en medio de la tormenta.

  • No uso el sexo como pegamento, ni como consuelo, ni como negociación emocional.

  • No vuelvo a ser el héroe sacrificado: no me pierdo para sostener a otros.

  • Mi fe no es un amuleto, es un centro: Dios sostiene mi identidad, no una relación.

6) Mi cierre de hoy

Hoy suelto. Hoy rindo. Hoy no actúo desde el dolor.

Mi despedida con Santiago es un hecho. Y voy a ser coherente con ese hecho. No voy a vivir sosteniendo esperanzas falsas. No voy a acelerar ni retrasar decisiones por fantasías futuras.

Hoy estoy atravesando un desierto. Y en el desierto no se construyen castillos. Se aprende a caminar.

Hoy dependo de Dios.
Y hoy, por primera vez en mucho tiempo, le rindo lo último que me negaba a rendirle: mis emociones.

En 2016 ya sabía que la soledad era parte del proceso. Hoy lo confirmo: no es castigo, es medicina. La diferencia es que ahora no lo digo como idea: lo sostengo como decisión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

19 días despues del evento canonico - Mi Verdad

 Mis miedos, mis narrativas y el nuevo sistema que estoy construyendo Estoy viendo algo con claridad que antes no podía ver: yo suelo conve...