lunes, 9 de febrero de 2026

4 dias después del evento Canónico - Dando vueltas en mi mente

Hoy cierro esta puerta con amor, no con rabia.
Lo que sentí fue real, y precisamente por ser real no lo voy a profanar.

Reconozco lo bueno: me sentí visto, escuchado, querido. Volví a sentir vida. Eso no fue mentira.
Pero también reconozco lo verdadero: no puedo construir paz sobre una grieta moral. No puedo pedirle a Dios que bendiga lo que nace torcido.
Santiago fue un espejo y un detonante: me mostró que yo estaba vacío en lugares donde debía haber plenitud; me mostró cuánto anhelo amor, conexión y ternura. No me lo dio “para quedármelo”, me lo reveló para sanarme.

Yo no me alejo porque no ame. Me alejo porque amo a Dios, y porque también lo amo a él lo suficiente como para no arrastrarlo a mi proceso, ni usarlo como refugio emocional, ni convertirlo en un “premio” por mi dolor.
Hoy elijo integridad.

Hoy elijo silencio, espacio, orden, y duelo.
Hoy renuncio a la dopamina del “¿y si me escribe?” porque eso no es amor: es adicción a la esperanza.

Lo suelto sin negar lo que fue.
Lo suelto para no contaminarlo.
Lo suelto para no traicionarme.

Si algún día la vida nos cruza de nuevo y todo está limpio, libre y correcto, que sea Dios quien lo confirme.

Pero hoy no negocio mi paz ni mi obediencia.
Se acabó la guerra.

La puerta queda cerrada.

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