Hay noches que parecen diseñadas para romperte y otras que, en medio de la fractura, te muestran la luz que no querías ver. Estos últimos días han sido un torbellino de ataques espirituales, verdades brutas y una honestidad que me ha dejado contra las cuerdas.
Todo estalló el lunes por la noche. Santi me escribió aterrado; acababa de vivir una parálisis del sueño que describió como un ataque directo. Sentí su miedo a través de la pantalla. En ese momento, solo pude decirle lo que sé en el fondo de mi alma: esto es una lucha espiritual. Desde que empezó a estudiar la Biblia con mis abuelos, las sombras parecen haberse ensañado con él. Oramos a la distancia, le envié música para calmar su espíritu y le recordé que Dios es más poderoso. Pero el dolor de estar separados físicamente en ese momento me somatizó; un virus me tiró a la cama, dejándome sin voz, justo cuando más necesitaba hablar.
Luego vino el silencio necesario, pero punzante. Santi me bloqueó por un momento para evitar escribirme, intentando protegerse de una dinámica que nos está costando a ambos. Pero el bloqueo no duró. El dolor es compartido. Cuando volvimos a hablar, la conversación fue un campo minado de dudas: él sentía que yo estaba jugando, que él era solo un pasatiempo en mi vida.
Tuve que ser brutalmente honesto. ¿Cómo explicarle que no guardo distancia por falta de amor, sino porque lo quiero tanto que no puedo construir algo sobre las ruinas de un matrimonio de 11 años que aún debo cerrar en paz? No quiero arrastrarlo a mi torbellino emocional. Le dije la verdad: no planeé enamorarme de él, pero aquí estoy, enfrentando mi realidad y decidiendo que no puedo sacrificar más mi felicidad. Mi matrimonio se terminó, y aunque el futuro me aterra, ya no hay vuelta atrás.
Ayer finalmente nos vimos. Almorzamos cerca de la plaza y la tensión se disolvió en abrazos. Verlo a los ojos me recordó por qué estoy haciendo todo esto. Santi ha sido un catalizador; su llegada le dio un giro de 180 grados a mi existencia gris. Incluso compuse un álbum inspirado en este proceso. Se lo compartí hoy y su reacción me desarmó. Me dijo que mi música "tocaba la piel" y que ver la carátula lo había impactado.
Le expliqué el concepto: yo me confronté frente a su espejo en esa barbería. Mi vida era monócroma y frente a él todo cobró color. Es una "tuza doble", como dice él, porque estamos perdiendo lo que conocíamos para encontrar algo nuevo, algo que esperamos sea bendecido por Dios y libre de engaños.
Hoy me siento más tranquilo. El virus está retrocediendo y mi corazón, aunque cansado, tiene dirección. Estamos construyendo cimientos. No es el camino más fácil —nadie dijo que lo fuera—, pero es el único camino hacia la verdad.
Mañana es Sabbat, mi día de reposo. Espero que el ruido del mundo se apague un poco y que el temor, como dice la Escritura que le compartí a Santi (1ª Juan 4:18), sea echado fuera por este amor que estamos intentando cuidar.
Esta semana ha sido, sin duda, la más densa de mi vida. He pasado de la agonía espiritual al éxtasis de una conexión que no puedo llamar de otra forma que amor, para luego chocar de frente con la realidad de un adiós que se siente como un renacimiento necesario.
El 16 de febrero amanecimos entre mundos. Santi me envió un video sobre cómo el choque de dos universos genera caos, pero un caos inevitablemente hermoso. Y así fue nuestra conversación: un debate teológico fascinante. Pasamos horas diseccionando el Apocalipsis, discutiendo sobre la mujer vestida de sol y la naturaleza de María. Es extraño y mágico ver a un católico y a un protestante retándose, no para destruirse, sino para aprender. Me encanta que me rete; me obliga a estudiar, a buscar a Josefo y a desempolvar textos. Pero entre líneas de exégesis, lo que realmente fluía era una intimidad que me dejó claro que él es "carne de mi carne".
Sin embargo, la realidad de mi casa seguía ahí, como una sombra. Ese mismo día, Sebastián finalmente entendió que lo nuestro no va más. Fue una conversación agotadora, semi-amarga, cargada de una paz que solo puede venir del cielo. Él sospechaba de mis sentimientos por Santi desde el principio. Mi papá siempre dice que es mejor cortarle la cola al perro de un solo golpe, y por fin lo hice. Me dolió verlo afectado, pero no puedo seguir fingiendo una felicidad que ya no existe.
Pero el miércoles 18, el péndulo osciló hacia la crisis. Santi colapsó bajo el peso de sus inseguridades y su pasado. Me reclamó por mi falta de iniciativa, por mi necesidad de hacer las cosas "paso a paso" y con calma. Sentí su miedo a ser un pasatiempo, su terror a que yo regrese a Sebastián por debilidad. Llegamos a un punto de ruptura tan fuerte que nos despedimos. Un adiós seco, definitivo… que duró apenas unas horas. Porque el amor que sentimos no es un capricho nacido de la confusión; es algo que nos ha devuelto la fe.
Esa misma noche, después de la tormenta, nos vimos. Fue una energía brutal, una conexión física y espiritual que me devolvió las ganas de todo. Le hablé de mis planes: necesito 60 días para organizar el desastre en casa, cerrar correctamente mi capítulo anterior y poder quererlo como se merece. No quiero construir un imperio sobre tres ladrillos y mentiras.
Hoy, 20 de febrero, me siento en calma. Aunque tuve pesadillas y el sistema nervioso me jugó malas pasadas, sé que estamos en el camino correcto. Santi hoy hizo algo valiente: le contó a un amigo cercano que es gay y que está enamorado. Su reacción fue hermosa, y eso me dio una alegría inmensa por él. No tiene que tener pena de ser quien es.
Aún faltan 59 días para que lo "oficial" comience, pero hoy ya no lo pienso desde la necesidad o el miedo, sino desde el cariño. Como le dije a él: Dios es el testigo de nuestra historia. Estamos en manos del Padre Celestial, y aunque la noche sea oscura, sé que el amanecer está cerca.
21 de febrero de 2026: El Espejo de la Vulnerabilidad
Me desperté en la madrugada, a eso de las 3:19 AM, con una sensación de paz mezclada con el agotamiento de los días previos. Caí rendido anoche, pero antes de intentar dormir de nuevo, le escribí a Santi para decirle que oraría por nosotros. Siento que nuestra conexión necesita ese respaldo espiritual ahora más que nunca.
Sin embargo, la mañana trajo una tormenta de honestidad. Santi me envió un texto extenso, casi un manifiesto de autodescubrimiento. Me habló de su capacidad para estar solo, de cómo su sistema nervioso se activa cuando ama y de esa "inestabilidad estructural" que siente conmigo. Entendí que su ansiedad no es falta de amor propio, sino una demanda legítima de estructura y piso firme. Me dolió leer que se sintió evadido anoche cuando más vulnerable estaba.
Pasé la mañana en Rionegro en exámenes médicos laborales, "volteando" de un lado a otro. Cuando logramos hablar a mediodía, la tensión era evidente. Él sentía que yo estaba usando la "discreción" como una táctica de alejamiento o entrenamiento. Tuve que pedirle calma; no quería responderle con el hígado mientras celebraba el aniversario de mis abuelos. Al final, después de un intercambio tenso, decidí enviarle una canción y, quizás por la presión del momento o la necesidad de espacio, terminamos bloqueándonos. Un silencio amargo se instaló entre nosotros.
25 de febrero de 2026: El Reencuentro del Sol
Después de cuatro días de silencio absoluto, hoy finalmente nos desbloqueamos. "Está bien, aquí estoy", le escribí. Fue como si el sol saliera después de una semana de lluvia constante. Me compartió el primer episodio de un podcast que está haciendo con sus amigos; me alegra verlo enfocado en sus proyectos.
Le compartí una reflexión sobre el amor verdadero como un principio divino, sereno y profundo, no como una pasión impetuosa. La respuesta de Santi me conmovió: dijo que llovía en su corazón cada día y que volver a escuchar mi voz era como el sol tocándole la piel. Confesó haberme echado de menos con todas las fuerzas de su alma. Yo también me sentía desconectado de todo; ayer mismo desperté con un vacío en el pecho y su nombre rondándome la cabeza.
Hablamos de nuestras terapias. Él salió de la suya y yo entré a la mía más tarde. Mi psicóloga me recomendó leer El caballero de la armadura oxidada, y me sorprendió saber que él ya lo conocía. Quedamos en vernos el viernes en nuestro lugar. Necesito besarlo y no soltarlo. La crisis está pasando, o al menos eso queremos creer. Terminamos el día con una videollamada corta, solo para vernos. Le mencioné que Sebas no está bien, pero Santi, con una madurez renovada, me dio mi lugar y me pidió descansar.
26 de febrero de 2026: Piel y Promesas
Inicié el día con mejor energía. Santi se puso una de mis camisas leñadoras para sentirme cerca mientras se iba a Rionegro a tramitar su carnet de vacunas internacional para su próximo viaje. Nos enviamos fotos y elogios; verlo radiante me dio fuerzas para enfrentar mis reuniones.
Hablamos de cine y de libros. Es increíble que ninguno de los dos haya visto Siete almas, así que prometimos verla juntos. La tarde se puso graciosa recordando frases viejas de Facebook, pero también hubo momentos de realidad: Sebas se puso mal anoche y eso me drena emocionalmente. Aun así, Santi me esperó pacientemente hasta que llegué a casa. Enrolló su "bestia" (su moto) bajo la lluvia y, aunque estoy agotado, saber que mañana nos veremos hace que todo valga la pena.
27 de febrero de 2026: El Cirujano de la Razón
Santi me despertó con un mensaje hermoso: soñó conmigo toda la noche. Yo me desperté más tarde de lo habitual, sintiéndome amado. Durante el día, me hizo preguntas profundas sobre cómo veo a Dios, buscando entender mi espiritualidad. Le hablé de mi visión de un Ser rodeado de luz gloriosa y majestad, y cómo eso me inspira reverencia y lealtad.
A las 6:30 PM cumplimos nuestra cita en su casa. Fue un rato maravilloso, "mágico" como él dice. Me siento magnético a su lado y él dice que lo inspiro a ser mejor. Al llegar a mi casa a medianoche, solo pude desearle un buen descanso. Esta conexión nos vuela la cabeza a ambos.
28 de febrero de 2026: Maletas y Nuevos Comienzos
Hoy fue un sábado de "perezita" y preparativos. Santi estuvo trabajando duro, pero se tomó el tiempo de recordarme que debo motilarme. Me divierte que me diga que no le sea infiel con otro barbero; mañana mismo iré a que él me deje como un modelo.
Por mi parte, fui a Rionegro a comprar ropa para mis eventos de la próxima semana y, finalmente, renové mi celular. El anterior ya no daba más. Santi está emocionado por su viaje del lunes a las 5 AM; Lexy le está organizando una despedida. Me escribió que se trajo todas sus máquinas para dejarme impecable mañana antes de irse. Aunque él está de fiesta y yo configurando mi nuevo juguete tecnológico, nos sentimos más cerca que nunca. Mañana será nuestro último encuentro antes de su viaje, y ya lo extraño.
1 de marzo de 2026: El último suspiro antes de la partida
Llegué a casa en la madrugada después de estar con Santi, sintiendo aún la energía de nuestro encuentro. No logré dormir muy bien; las pesadillas y el movimiento constante me dejaron agotado. Al despertar, Santi estaba ansioso por aprovechar nuestro último día antes de su viaje.
Nos encontramos a mediodía. Él se veía radiante, recién motilado y con esa energía que me vuela la cabeza. Decidimos subir a un mirador, disfrutar de un vino y simplemente estar. Fue, sin duda, uno de los mejores días que hemos tenido; la conexión fue total. Al despedirnos por la noche, le pedí que me escribiera en cuanto estuviera en el aeropuerto. Mañana empieza su aventura y, aunque me alegra por él, ya siento el vacío de su ausencia física.
2 de marzo de 2026: Una travesía llena de baches
Santi salió para el aeropuerto a las 3:53 AM. Me desperté con un mensaje suyo lleno de amor y promesas de cuidar lo nuestro. Le deseé un viaje renovador, pero la jornada no fue fácil para él. Entre escalas cortas en Panamá y el cansancio, la tensión subió.
Finalmente aterrizó en Punta Cana a las 5:00 PM. Desde el principio, las cosas se pusieron "tesas": problemas con el cambio de moneda y la malicia de la gente local lo pusieron alerta. Lo peor vino después: ¡les cancelaron la reserva del hotel! Estuve pegado al celular, tratando de darle calma desde la distancia mientras ellos buscaban dónde quedarse en los manglares. Al final del día, lograron instalarse, aunque Santi estaba agotado y estresado. Hablamos por videollamada un momento; verlo sonreír de nuevo, a pesar de la "chocoaventura", me dio tranquilidad. Las fotos que me envió de la playa son hermosas, pero desearía estar allá con él.
3 de marzo de 2026: Entre el paraíso y el "chicharrón" laboral
Santi amaneció disfrutando del sol, aunque no tardó en mostrarme los "recuerdos" físicos (chupados) de nuestra última noche, lo cual me hizo reír. Mientras él exploraba cenotes y playas hermosas, yo me sumergí en un "chicharrón" de trabajo que me tuvo ocupado hasta tarde.
Intentamos hablar por la noche, pero su internet fallaba constantemente. Le pedí que se hidratara bien y descansara, ya que mañana me toca madrugar para ir a la oficina. Me duele no poder decirle "mi amor" tan libremente como él quisiera debido a mi situación, pero él sabe que lo extraño y que está en cada uno de mis pensamientos.
4 de marzo de 2026: Pruebas de fuego y tormentas emocionales
Hoy fue un día desafiante. Santi amaneció sintiéndose vulnerable y extrañándome demasiado. Me confesó que este viaje está siendo una prueba para él; el ambiente de vicio y excesos de la isla lo hace sentir alerta. Tuvimos una conversación profunda sobre el propósito y el amor propio; le recordé que su valor no depende de la atención efímera de extraños.
Sin embargo, al final del día, la tormenta estalló entre nosotros. Llegué a casa tarde, cansado y bajo una lluvia torrencial. Cuando intentamos hablar, el mal internet de la isla y mi agotamiento crearon un malentendido. Santi sintió que lo evadía y yo, honestamente, no tenía cabeza para lo que sentí como "berrinches". Nos dormimos molestos, con palabras pesadas en el aire. Es horrible estar así a tanta distancia.
5 de marzo de 2026: La tregua del amanecer
Afortunadamente, el orgullo no duró mucho. Santi me escribió temprano disculpándose y yo le respondí que tampoco me gusta estar enojado. El día transcurrió con mejor energía; él disfrutando de su último tramo de vacaciones y yo tratando de avanzar en mis pendientes. Me dedicó una canción de amor y, aunque seguimos en esta montaña rusa emocional, la certeza de lo que sentimos nos mantiene a flote.
6 de marzo de 2026: Corazones unidos y verdades divididas
Tuvimos una llamada larga por la mañana antes de que yo empezara un evento de trabajo. Santi me expresó su admiración y su amor de una manera que me desarmó. Hablamos de la "despedida" que parece rondar nuestras conversaciones, pero le dejé claro que no lo estoy despidiendo, solo que las cosas deben ser en el tiempo de Dios.
Él siente que mi corazón está dividido por mi situación con Sebas, y tiene razón en parte. Es difícil administrar la vida cuando uno quiere estar en un lugar pero aún tiene deudas emocionales en otro. Santi me recordó que yo dirijo mi vida, pero Dios la administra si confío en Él. Terminamos el día compartiendo canciones y estados dedicados, reafirmando que, a pesar de los mensajes eliminados y las dudas, lo nuestro nació de la paz y no de la desesperación.
7 de marzo de 2026: El cansancio del sobreviviente
Amanecimos indispuestos. Yo con síntomas de resfriado (probablemente el virus de los abuelos o puro agotamiento) y Santi enfermo del estómago, probablemente por el sol o la comida de la isla. Me quedé dormido gran parte de la tarde viendo videos de profecía mientras Sebas andaba cerca, lo que puso el ambiente tenso en casa.
Santi me confesó que ya quiere volver; extraña el agua potable, el frío de las montañas y, sobre todo, nuestra conexión. Planeamos un futuro viaje solos a Isla La Miel para junio. Saber que mañana regresa a Colombia me llena de una ilusión que no puedo explicar.
8 de marzo de 2026: El regreso y el regalo del capibara
¡Santi ya está en camino! Me escribió desde el aeropuerto de madrugada. Pasé el día haciendo pereza y lidiando con un malestar estomacal (parece que estamos conectados hasta en la enfermedad).
Hablamos por la tarde y me contó emocionado que me trajo varios regalos: aretes, un adorno para mi escritorio y... ¡un peluche de capibara! Me parece el gesto más tierno del mundo. Quería vernos hoy mismo apenas llegara, pero tuve que ser el "adulto" y decirle que mejor mañana, para que ambos descansemos y no estemos de afán. Aterrizó en Colombia a las 8:00 PM y llegó a su casa a las 9:40 PM. Me envió un último mensaje lleno de amor y "te amos". Mañana por fin lo tendré frente a mí después de ocho largos días. La espera terminó.
9 de marzo de 2026: El aroma de la realidad
Santi volvió. Al despertar, el tono de sus mensajes ya era otro: lleno de ese "gadejo" y alegría que lo caracteriza. Se reía de lo mucho que valoraba ahora el agua potable de su casa después del "olor a dominicano" de la isla. Me divierte su capacidad para regatear y cómo dejó "enamorada" a una muchacha allá restregándole su belleza, aunque yo sé muy bien que él está "prendido" de alguien más: de mí.
Pasamos el día con un hype altísimo, planeando un futuro viaje ideal (5 días, 4 noches, hotel de lujo y jacuzzi con vista al mar). Entre bromas sobre si somos o no el amor de la vida del otro, le confesé que yo también estoy enamorado de él. Quedamos en vernos a las 5:00 PM. Sin embargo, mi cuerpo empezó a pasarme factura; me sentía maluco, drenado por el estrés acumulado de la semana y del trabajo. Santi, en su modo más tierno, prometió consentirme con masajes y aceites de caléndula. Necesitaba ese refugio. Terminamos el día reafirmando nuestro amor.
10 de marzo de 2026: Sueños, advertencias y el peso de la ley
La madrugada fue extraña. Santi me escribió que estaba llorando dormido por mí. Luego, tras una siesta, me relató dos sueños perturbadores que me volaron la cabeza. En ellos aparecía Sebastián en situaciones de vulnerabilidad y exposición, y yo aparecía lejano o invisible. Le compartí un análisis (apoyado en IA) que me hizo mucho sentido: su subconsciente le está advirtiendo que entrar a mi vida ahora implica atravesar dolor y desorden espiritual. Hasta su inconsciente sabe que no es el tiempo.
Para equilibrar la carga, le envié material sobre la profecía de las 70 semanas de Daniel. Santi se convirtió en un mar de preguntas: ¿Jesús es San Miguel Arcángel? ¿Qué es la prevaricación? ¿Roma es el cuerno pequeño? Me encanta verlo así, como un niño curioso, cuestionando desde la Eucaristía hasta el sistema de sacrificios. Le prometí ir respondiendo una a una, sabiendo que estamos alineando no solo nuestros corazones, sino también nuestras mentes hacia una verdad mayor.
11 de marzo de 2026: La parálisis y el horno de fuego
A las 3:30 AM recibí un mensaje desesperado: otra parálisis del sueño. Santi describió una pesadilla vívida con muñecos hostiles, demonios y una sensación de asfixia. Me dolió no estar ahí físicamente para despertarlo, pero me quedé con él a través del chat, dándole calma. Le expliqué que es una mezcla de lucha espiritual y ansiedad extrema por sentirse vulnerable.
El día en la oficina fue un infierno. Una supervisora me acusó de acoso laboral; tengo una enemiga declarada en mi equipo. Santi fue mi roca: me recordó la historia del Rey Ezequías y cómo Dios no cultiva en tierra seca. Me llamó "vikingo" y me impulsó a soltar el control. A pesar del cansancio y de despertarme a las 2:30 AM, sus palabras me dieron la fuerza para terminar la jornada. Al final del día, lo alcancé a ver un momento antes de subirme al bus. Sus hermanas lo regañaron por lo quemado que llegó del viaje, pero para mí sigue siendo el hombre más hermoso.
12 de marzo de 2026: Cortisol y telepatía
Otra madrugada de desvelo a las 3:00 AM. Santi se despertó sintiéndome; dice que me siente incluso cuando duerme. Hablamos del cortisol y de cómo la ansiedad nos corta el sueño. Él está en una etapa donde su primer y último pensamiento soy yo.
A mediodía, decidió hacerse un cambio de look radical para "empezar renovado". Me mandó fotos de sus cortes anteriores y yo elegí uno que lo hace ver "todo un papasito". Tuvimos un intercambio de mensajes muy picantes y divertidos que nos subieron el calor a ambos. Me hizo reír mucho con sus ocurrencias. Cerramos el día compartiendo canciones que marcan nuestra "nueva historia". Por fin, mañana ya no tengo que ir a la oficina; el descanso se siente cerca.
13 de marzo de 2026: Rosas en el Sabbath
Desperté con paz. Dormí toda la noche por primera vez en días. Santi regresó a su trabajo y yo me dediqué a organizar detalles especiales. Le envié una canción que me recordó a él y planeé una sorpresa que tardó en llegar, pero que valió la pena.
Cerca de las 8:00 PM, justo cuando entrábamos en el Sabbath, le envíe: un ramo de rosas hermosas. Santi se puso muy sentimental; dice que es la primera vez que le pasa algo así. Verlo tan feliz y "nostálgico" por el gesto me llenó el alma. Pasamos la noche compartiendo videos de TikTok de nuestra juventud y riéndonos de cómo nos veíamos antes.
Lo más especial fue ver su reacción a los videos de profecía que le envié. Me confesó, con los ojos encharcados, que siente que Jesús lo está llamando y que por mucho tiempo se había olvidado de Él. "Estamos haciendo el camino juntos", le dije. Cerramos el día recordando fotos de nuestra primera salida, dándonos cuenta de que el amor ya estaba ahí, en su mirada, antes de que lo supiéramos. Fue su primer Sabbath consciente, un reposo verdadero.
14 de marzo de 2026: La intensidad del lobo
Un sábado de descanso real. Despertamos tarde y pasamos el día hablando de nuestras similitudes: desde el lobo como animal espiritual hasta nuestra forma de ver la lealtad. Santi me contó cómo el Shabbat se manifestó en sus redes sociales y en su mente, confirmando que Dios lo escucha.
Por la noche, mientras él salía con amigos y yo estaba con mi familia haciendo pizza, la conversación se puso profunda sobre política y religión. Fue un día de mucha paz, de visualizarnos en un hogar juntos, incluso usando la IA para crear imágenes de cómo sería nuestra vida futura. Todo parecía estar en su lugar.
15 de marzo de 2026: El choque de los apegos
Amanecí extrañándolo mucho, pero la calma se rompió pronto. Soñé que llegaba a su casa y su perro me mordía; una representación clara de mi miedo a salir herido de nuevo. Santi trató de analizarlo desde la psicología, sugiriendo que reprimo mis emociones.
La tensión escaló cuando reafirmé nuestro trato de "no ser nada oficial" hasta que yo esté libre. Santi se sintió herido; sintió que esa reafirmación era un golpe innecesario. Intentamos arreglarlo, pero terminamos en un "tira y afloje" emocional. Él se fue a misa con sus abuelos para buscar paz, y yo me refugié en mi familia, pero la sensibilidad quedó a flor de piel.
16 de marzo de 2026: Besos y debates teológicos
Empezamos el lunes con "cosas lindas" y extrañándonos. Santi me recordó que nuestra historia empezó con un beso único y me dedicó canciones que me desarmaron. Acordamos vernos el martes para comprar los cuadernos y pasar tiempo en nuestro "rinconcito".
Sin embargo, el día terminó en un debate teológico denso. Santi tuvo una discusión con un cliente bautista sobre las postrimerías y el Shabbat. Intenté explicarle la diferencia entre la tradición romana y la verdad bíblica, pero él terminó confundido. A esto se le sumó un fuerte dolor de cabeza de mi parte por una reunión tensa en el trabajo. La estabilidad parece ser un cristal muy frágil entre nosotros.
17 de marzo de 2026: El adiós en la montaña rusa
Hoy todo colapsó. Amanecí saturado por el trabajo y le cancelé nuestra cita. Santi reaccionó con un mensaje de apoyo, pero mi respuesta fue fría y distante. Le confesé que este ciclo de "intensidad romántica - indiferencia" me está desregulando. Necesito priorizar mi estabilidad emocional.
Lo que siguió fue una discusión dolorosa sobre nuestras dinámicas de apego. Santi me identificó como "apego evitativo" y a él mismo como "ansioso". Me reclamó que siempre que me indispongo, termino diciendo que no puedo más con él. Yo, agotado y sin herramientas para lidiar con la presión, le pedí espacio.
Santi fue tajante: "No esperaré más nada de ti. Adiós, Juanse".
Me quedo con el vacío en el pecho y la sensación de que, una vez más, la montaña rusa nos ha lanzado al vacío. Creo que este es el final de nuestra historia. Duele mucho, es todo lo que puedo decir.