miércoles, 18 de marzo de 2026

42 días despues del evento canónico - El futuro

Hoy entendí algo incómodo: no todo lo que se siente profundo está destinado a quedarse.

Durante semanas viví una de las conexiones más intensas que he experimentado en años. No fue superficial, no fue pasajera, no fue “una distracción”. Fue real. Me movió, me confrontó, me mostró partes de mí que estaban dormidas o, peor, que yo mismo había decidido no mirar.

Y aun así… la dejé ir.

No porque no hubiera amor.
Sino porque no había estructura para sostenerlo sin destruir otras partes de mi vida.

Renuncié a Santi.

Es raro escribirlo así, tan seco, tan definitivo. Pero esa es la verdad. No fue una decisión impulsiva, fue una decisión consciente. Dolorosa, sí. Pero consciente.

Y aquí es donde empieza lo verdaderamente difícil.

Porque soltarlo no resolvió nada.
Solo dejó todo al descubierto.


Me quedé con un vacío incómodo.
Con su ausencia.
Con el silencio.
Con las ganas —muy reales— de salir corriendo a buscarlo, abrazarlo, decirle que lo amo y que no me importa nada más.

Pero no lo hice.

Y no lo voy a hacer.

Porque entendí algo clave: lo que sentíamos era real… pero no era sostenible en la forma en la que existía.


Ahora estoy aquí.

Sin distracciones.
Sin esa intensidad que lo llenaba todo.
Sin ese refugio emocional.

Y con una pregunta que no puedo seguir evitando:

¿Qué hago con mi vida ahora?


Mi matrimonio con Sebas está en el centro de todo esto.

Once años de historia.
Once años de construcción.
Once años de decisiones, aprendizajes, errores, crecimiento.

Y hoy… todo eso se siente inestable.

No roto necesariamente.
Pero sí cuestionado.

Y esa es una diferencia importante.


No puedo seguir adelante como si nada hubiera pasado.

Tampoco puedo tomar decisiones desde el impulso o desde la carencia emocional que dejó esta relación.

Lo que sí puedo hacer —y debo hacer— es algo mucho más incómodo:

Mirar al abismo.

Mirar de frente mi relación.
Sin idealizarla.
Sin justificarla.
Sin quedarme por costumbre.
Pero tampoco salir corriendo solo porque apareció algo que me hizo sentir más vivo.


Y no se trata solo de Sebas.

Se trata de mí.

De entender qué parte de mí se activó con Santi.
Por qué necesitaba sentirme así.
Qué estaba buscando realmente.

Porque sería muy fácil engañarme y decir:

“el problema es mi matrimonio”

Cuando la verdad puede ser más compleja.


También hay otra verdad que no puedo ignorar:

Estoy agotado.

Mi trabajo, que en algún momento disfruté, hoy se siente como una cárcel.
Una estructura que me contiene… pero que también me limita.

Y cuando uno empieza a cuestionar una cosa…
empieza a cuestionarlo todo.

Relaciones.
Trabajo.
Propósito.
Dirección.


Lo curioso es que, aunque todo esto se siente como un derrumbe…

No tengo miedo.

Hay tristeza, sí.
Hay vacío, sí.
Hay incertidumbre.

Pero también hay una sensación muy clara, muy interna, difícil de explicar:

algo mejor viene.

No en el sentido ingenuo de “todo va a salir bien”.
Sino en el sentido de que este desorden tiene propósito.

Que este momento de quiebre no es el final… es el inicio de algo.


Por primera vez en mucho tiempo no quiero controlar todo.

No quiero forzar respuestas.
No quiero tomar decisiones apresuradas.
No quiero llenar el vacío con ruido.

Quiero transitar este proceso.

De verdad.

Sentirlo.
Entenderlo.
Dejar que me transforme.


Hoy no tengo todas las respuestas.

No sé si debo quedarme en mi matrimonio o dejarlo ir.
No sé si necesito reconstruir lo que tengo o empezar de cero.
No sé si debo estar solo por un tiempo o volver a abrirme al amor más adelante.

Y, por primera vez, estoy aceptando no saberlo.


Lo único que sí sé es esto:

He aprendido.

He visto mis patrones.
He entendido mis vacíos.
He reconocido mis contradicciones.

Y no quiero volver a ignorar nada de eso.


Estoy al borde de un nuevo ciclo.

Y aunque todo en mi vida —emocional, profesional, personal— parece tambalearse…

No lo siento como una pérdida.

Lo siento como una reconfiguración.


Solté a Santi.
No porque no lo amara.
Sino porque no podía construir desde ahí.

Ahora me toca hacer lo más difícil:

reconstruirme a mí.

Sin prisa.
Sin atajos.
Sin mentiras.

Y ver, desde ese lugar más honesto…

qué vida quiero realmente vivir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

42 días despues del evento canónico - El futuro

Hoy entendí algo incómodo: no todo lo que se siente profundo está destinado a quedarse. Durante semanas viví una de las conexiones más inten...